Ariel Magnus
Cartas a mi vecina de arriba
Editorial: Norma
Publicación: 2009
ISBN: 9789875455535
Todos lo sabemos, un vecino es siempre un enemigo en potencia. Y si vive arriba y taconea sobre nuestra cabeza la guerra está declarada.
Obligado a recurrir a su oficio, el hipersensible escritor comienza una fluida relación epistolar con la vecina de arriba para transmitirle su preocupación por los nuevos zapatos. Una relación que se irá poblando de textos amistosos, distantes, burocráticos, soeces, delirantes. De argumentos filosóficos, fisiológicos, comerciales, conceptuales, civilizados y bárbaros. De falsas publicidades, panfletos, mensajes. Cartas de amor, de perdón, de ruego, de odio. Todos los géneros, todos los tonos y los narradores y las jergas y las lógicas puestas al servicio de la búsqueda desesperada de silencio.
Con un humor que va de la ironía a la franca acidez, Ariel Magnus vuelve a capturarnos con una historia desopilante, en donde solitarios personajes sufren una violenta metamorfosis cuando entablan relación con los otros. Sus prolijas existencias se ven desbaratadas por un cóctel de aventuras extremas, y sus destinos se vuelven impredecibles.
-¿Cuál es el origen de este libro?
-El origen es concreto: la vecina de arriba se cambió los zapatos y me empezó a caminar sobre la cabeza, la llame, hablé y tuve una conversación telefónica bastante absurda donde ella me empezó a dar un montón de razones por las cuales no cambiarse los zapatos, yo le ofrecí comprarle unos nuevos, ir a comprárselos y me dio un montón de razones y yo me quede con bastante bronca porque dije me voy a tener que bancar este ruido y esta persona no me entendió y lo iba rumiando, rumiando hasta que después de meses me senté a escribirle la carta que le hubiera escrito trando de reveer lo que había sido la conversación, a ver si yo había cometido algún error y a esa carta siguió otra, y siguió otra con un tema que siempre me apasionó que es el ruido o el silencio, según como lo quieras ver y, obviamente, la relación entre gente que no se entiende como era este caso, que es lo que suele ocurrir entre los vecinos. La carta nunca se la mandé, esta ahí pero el disparador fue eso.
Cuando vi que el libro iba avanzando me sentía raro, porque decía no puede ser que saque un libro de unos tacones que me molestaban en la cabeza, pero me sentía como un linyera que de pronto encontró algo en una realidad que no le ofrecía nada.
-¿En que momento te das cuenta que lo que tenías en la mano era un libro?
-Me parece que me di cuenta temprano cuando vi que el tema me hacía explotar ideas y quería poner un montón de cosas que las fui dejando para más adelante. Después, en la mitad, te das cuenta que se armó, lo que pasa es que como yo no pienso un libro de acuerdo a la cantidad de hojas, siento que es un libro cuando hay un tema que me apasiona que lo quiero desarrollar hasta las últimas consecuencias y eso lo sentí bastante temprano, después te das cuenta que además funciona y cuando se cierra ves que no era tan gordo quizás
-En las cartas desarrollás distintos tonos y hasta distintos géneros, todas atravesadas por el humor. ¿Cómo fue esa construcción?
-Era la idea desde el principio, como el tema era uno solo: los tacos que me molestan, la y el ruido que le molestan al que escribe. La idea era convencer a esta mujer que se los cambie enfocando el problema desde distintos ángulos, entonces era primero una carta normal, después una carta filosófica, después una carta biologista, después una carta histórica, otra con la historia de los tapones de cera. Me hice en un momento como una especie de plan, donde en cada carta el tema era enfocado desde distinto lugar y despues cartas en el medio donde parece que no las escribe él, que son de la administración diciendo que se va a caer el edificio si sigue usando esos zapatos, de la zapatería, del ministerio de Salud, ahí sí que fui ensayando un montón de tonos, pero la idea es tratar de convencer a esta mujer de cualquier forma.
-Imagino que buscaste fuentes para estas argumentaciones.
-Sí, además lo dice ahí en el libro, por ejemplo toda la parte del oído y como un sonido viaja por el aire y todas esas cosas que me encantó investigar. Claro que me tuve que informar. Después la historia de los tapones de cera es algo que yo ya había escrito para Alemania, porque es un invento alemán y es algo que yo uso todas las noches y que tiene una historia buenísima, de manera que eso lo tuve que investigar menos. Después empiezan un montón de citas de autores en este caso alemanes porque son tan histéricos, por algo soy de ascendencia alemana, histéricos como yo con el ruido y también fui a investigar quienes hablan del ruido, traducirlos y esas cosas.
-¿Tu paso por Alemania fue lo que generó esta obsesión por el silencio?
-Lo que tiene Alemania es que existe el concepto de silencio y el concepto del prójimo está un poquito más desarrollado, de manera que una persona que hace ruido en su casa está pensando que hay otra persona que quizás le moleste y esto es un concepto que acá no está muy desarrollado.
No, no yo tuve siempre problemas con el ruido, ya de chiquito me molestaban, me ponía cosas en las orejas, escucho demasiado, tengo como hipersensibilidad en los oídos, sin llegar a ser ninguna patología. En Alemania, lo que sí descubrí es esto: que las cosas pueden ser más silenciosas, que existe la idea del prójimo y después cosas puntuales como la doble ventana que es una cosa maravillosa y los tapones de cera que es un invento alemán como tenía que ser e insipirado en los tapones de cera que le puso Ulises a los remeros cuando pasó delante de las sirenas.
-Si no me equivoco toda tu obra está escrita en primera persona. ¿Es así y por qué?
-Sí está escrito en primera persona y creo que va a seguir estando en primera persona, me doy cuenta
hay cosas que me salen en tercera persona, quizás hay cuentos. En tercera persona me suena como cuentitos, como que me aleja de lo que estoy contando y no me permite meterme, me alejo un poco y te cuento algo que es una cosa que no me gusta mucho como escritor, a mí me gusta meterme en un cuento, casi a la misma altura que el lector y que juntos vayamos avanzando hacia donde vaya, entonces la tercera persona es como que me aleja un poco. Pero el primer libro sí es en tercera persona pero casualmente lo empecé en primera y después de varias páginas me di cuenta que tenía que hacerlo en tercera porque sino quedaba muy embrollado, se ve que la primera persona no la tenía trabajada.
-En estas cartas, aparecen referencias o guiños a tus otros libros. Por ejemplo, en algunas respuestas que da la vecina me recordaba a La Abuela en lo irónico o la aparición de un chino en un momento.
-Las respuestas de la vecina en la primera carta son casi textuales de las que me dio la vecina en ese momento. No, no la hay, conciente no la hay, no está buscada, por supuesto la podés ver y puede ser que repita un párrafo entero sin darme cuenta, pero no la hay, no es algo que me guste mucho, la autorreferencialidad me parece como peligrosa, incluso cuando se extiende más allá de tus propios libros, cuando se queda muy cerca de tu ámbito, por ejemplo si esto fuera autorreferencial con respecto a mi departamento o una cosa así, eso me sirve a mí para escribir, porque me divierte pero no tiene porque ser una interpretación del libro. Esto que viste debe estar bien pero yo no lo busqué.
-Muchas veces ocurre que los lectores encontramos más cosas que las que los escritores dicen.
-Es clásico. Es el gran descubrimiento para defender a los críticos, el crítico sabe mucho más que el autor.
-¿Cómo trabajás el humor, que es una característica de tu literatura?
-No sé si lo trabajo, es como que me sale, o me sale humorístico o me sale patético y como lo patético no me gusta mucho entonces me bandeo hacia lo humorístico. Hay como algo necesario, para mi, entre pensar algo, llevarlo a lo absurdo y darle una vuelta humorística y el humor es, no sé si el tono que mejor me permite pensar y decir cosas serias sin que se note y, por momentos, la forma que me permite resolver alguna escena donde digo así me da la sensación que está resuelta cuando otro siente que está resuelta si dice algo lo bello o algún otro tono.
-A mí me ha pasado con tus libros reírme a carcajadas y eso no es sencillo con la literatura, pareciera que es el ámbito donde te sentís mejor
-Sí, yo también me río, probablemente donde vos te reíste yo también me reí. A veces lo dejo, a veces no, ahora tiendo más bien a dejarlo, es como si viene un chiste tonto que si lo pensás un poco decís que pavada, igual tiendo a dejarlo.
-¿Sentís que hay como un menosprecio de eso?
-Eso no es algo que pensé
en el Chino tiene bastante comicidad, se fue dando, es como que el libro me lo pidió y me acuerdo que una de las primeras preguntas que me hizo un periodista cuando fue lo del premio -yo no estaba acostumbrado a responder a periodistas- fue y ¿por qué el humor? Y me desbarató, porque era y por qué no. A mí siempre me gustó leer cosas humorísticas y leí cosas serias desde un punto de vista humorístico, a Bernhard alguien lo lee como serio y yo me río mucho leyéndolo y siempre me pareció un tono normal el del humor, el de la ironía pero es verdad que hay como una especie de menosprecio y que hay que enfrentarlo, yo lo enfrento ignorándolo y así como los que no les gusta al humor lo ignoran, yo ignoro a los que lo ignoran.
-¿Cómo contarías quién es la vecina que sufre a este obsesivo del silencio?
-La vecina es como un personaje ausente, es simplemente como una pared, una pared racional, no es ni muy mala ni nada por el estilo, no es un monstruo, el monstruo es el tipo que le manda las cartas, en ese sentido es un personaje más bien neutro, normalmente a mí me gusta escribir desde un personaje neutro, esta vez di vuelta la cuestión y escribí desde un personaje que es el personaje más cargado y también por eso es escritor, cosa que a mi en principio no me gusta ni me interesa, osea yo leo la contratapa de ese libro y no lo compro porque no me interesa pero era como una necesidad: el tipo porque necesita tanto el silencio, porque escribe tanto y en tanto tonos y bueno si no lo hacés escritor
sino hacés la clásica del escritor que no quiere poner un escritor y pone a un pintor o una cosa así que queda más trucho todavía.
-¿Es mucho decir, si digo que tu novela es una narración sobre la vida contemporánea urbana?
-Sí, obvio que es mucho decir. De alguna forma solamente puede ocurrir en una ciudad, claro, en una ciudad donde vivimos todos uno arriba del otro absurdamente y refleja probelmas citadinos, hasta ahí te sigo. Para mí es más como un ensayo sobre la relación entre personas que tienen que convivir, una forma de pensar en las obsesiones y en las manías, en este caso de un escritor o de un artista pero puede ser de cualquier persona pero sobre todo es un libro sobre el ruido, o sobre el silencio que es un tema que me gusta y que además me doy cuenta cuando hablo con gente y dicen yo no tengo ningún problema con el vecino, pero hace una pausa y dice, bueno en realidad el de al lado tiene un perro que la verdad
y el de arriba. Todos tienen problemas con los ruidos, algunos son más sensibles que otros, no somos tan pocos los que somos muy sensibles a los ruidos y ese es el tema por supuesto que eso explota hacia otros lugares pero es un tema que nos toca en la cotidianeidad.
-Sobre tu libro anterior, Muñecas, en algún lugar dijiste que era un "ensayito" sobre la soledad y aquí también volvés sobre la soledad, porque son dos personas solas que tratan de convivir y discuten sobre el ruido.
-Sí, son las cosas que me mueven a escribir, el problema de los zapatos de mi vecina no es algo que me mueva a escribir sino que es la excusa o el marco para pensar sobre ciertos temas y en este caso son estos que te dije a los que se suman los que supongo que aparecerán una y otra vez cuando escriba porque son los que me gustan, la soledad, el hecho de encontrarse con otra persona solitaria y que pasa en ese encuentro, el contacto con el otro y en este caso se suma otra cosa que creo en Muñecas está, que es la parte racional, cuando la razón no puede explicar algo que es lo que pasa entonces. Cuando uno tiene razón y las cosas no se dan como quiere.
-En el caso de este narrador llega un momento en la novela que es un quiebre, que es cuando estalla y empieza a insultarla. ¿Ahí se acaba la racionalidad y empieza la puteada?
-Quizás se acabe antes pero es como que ahí llega. La única carta que quería escribir era la de re putearla a esta vecina, pero tenía que llegar a eso y tiene que armarse y después me di cuenta que no quería que todo termine en eso, no tenía ninguna gracia que fuese hago todo esto para después putearte, entonces está como en el medio ese momento y ese momento es el que abre la narración, es como llega a un punto de no retorno parece ser, y ahí es cuando empiezan a llegar las respuestas y es para mí donde el libro se abre, ahí es donde el libro se arma en serio, sino es simplemente una serie de cartas que a mi me encanta, a mí es lo que más me gusta, quieto discutimos un tema, no es que no me gusta. Después el libro es como que explota y pasan cosas.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires, agosto de 2009.
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