La autora
Julia Navarro (1953) nació en Madrid. Es periodista y ha trabajado a lo largo de su carrera en diferentes medios de comunicación como las revistas Guadiana, Interviú y Panorama, la radio, en la que formó parte del primer grupo de tertulias radiofónicas de la cadena SER, y la televisión, como co-editora y presentadora del programa Centros de Poder en RTVE y colaboradora en las tertulias de Telecinco. En la actualidad es analista política de la Agencia OTR/Europa Press y publica columnas de opinión, crónicas parlamentarias y análisis políticos en más de cincuenta periódicos de toda España. Además, participa como tertuliana en el programa La tarde, de la cadena COPE; en La mirilla, del Canal Sur y en El observatorio, programa de televisión también del Canal Sur. Todas las semanas publica un análisis político en la revista Tiempo. Es autora de varios libros: Nosotros, la transición, Entre Felipe y Aznar, La izquierda que viene y Señora Presidenta. La Hermandad de la Sabana Santa es su primera novela.
-En una época donde parece que es necesario que todo se diga en ciento cuarenta caracteres, Usted nos propone una novela compleja y de más de mil cien páginas. ¿Fue un desafío hacer este planteo?
-La verdad es que esta novela para mí es un punto y aparte respecto de mis novelas anteriores. Dime quién soy es una novela importante desde el punto de vista personal porque tiene que ver con mi memoria familiar. Es una novela que aspira a retratar parte de los acontecimientos más importantes del siglo XX: la guerra civil española, la Europa de entreguerras, la guerra fría, la Segunda Guerra Mundial.
Nunca me planteo cuánto voy a escribir, cuando tengo una historia lo que hago es escribirla y cuando termino es cuando me doy cuenta si la historia la he escrito en tantos folios. La verdad que mi editor es generoso y comprensivo conmigo aunque tengo que reconocer que se pega unos sustos enormes, cuando le doy el original y le digo ya he terminado una novela te la entrego se pega un pequeño susto, con esta un susto enorme porque es la novela más larga de todas las que he escrito. Nunca me limito a mí misma, creo que las historias hay que contarlas en la extensión en la que uno cree que hay que contarlas y que no se puede escribir pensando en que a la editorial le vendía mejor que fueran trescientas, pues lo siento prefiero no publicarla a construir una historia que yo creo que no cabe en esa extensión. A mí no me asusta el que tenga mil cien páginas y espero que a los lectores tampoco porque yo creo que los libros no son ni largos ni cortos, son buenos o malos, entretenidos o no lo son, un libro de mil cien páginas se puede hacer corto y un libro de cincuenta páginas se puede hacer eterno.
-Al leer la novela uno advierte mucho trabajo previo de investigación e intuyo que ahí está también la periodista que hay en Usted.
-Hay un trabajo importante de documentación. Dime quién soy no es una novela histórica pero es una novela que planea sobre acontecimientos importantes del siglo XX de manera que para escribir sobre la Guerra Civil española la gente de mi generación tenemos el recuerdo de las historias que nos han contado nuestros abuelos, que yo sé que les tocó vivir en la Guerra Civil pero aún así a la hora de colocar mis personajes en ese tiempo histórico he hecho un trabajo de investigación, lo mismo sobre la Segunda Guerra Mundial, creo que todos tenemos una idea bastante precisa de lo que sucedió y del horror terrible que significó el nazismo pero de todas maneras a la hora de volver a colocar los personajes en esos acontecimientos tuve que buscar documentación, leer libros. Me parece que es importante escribir con una cierta precisión de los hechos históricos aunque –insisto- no es una novela histórica pero si tú estás colocando los personajes en determinados momentos de la historia tienes que intentar ser fiel con esos períodos.
-¿La Guerra Civil española es aún una grieta profunda que continúa atravesando a la sociedad española?
-Creo que la Guerra Civil en las generaciones jóvenes ha sido totalmente superada. Mi hijo tiene dieciocho años y para él la Guerra Civil es algo que ha estudiado en los libros de historia. Es algo lejano, que ha estudiado en los libros de texto como ha estudiado otras cosas pero para la gente mayor sigue siendo una brecha que está abierta y además es lógico, todavía hay personas que han vivido la Guerra Civil y hay otras personas que por la edad que tenemos no hemos vivido la Guerra Civil y que tenemos una memoria directa a través de lo que nos contaron nuestros abuelos o nuestros padres. Creo que no hay nada más terrible de lo que le puede suceder a un pueblo que enfrentarse hermanos contra hermanos, padres contra hijos, tíos contra sobrinos. Es terrible pensar que en la Guerra Civil española a lo mejor un padre estaba en el frente y su hijo estaba en el frente contrario y cuando estaban disparando a lo mejor estaban disparando a su propio padre o a su propio hijo. Eso es una tragedia que no se puede borrar de un día para otro y que cuesta superar. Afortunadamente en España la transición fue un punto y aparte sobre esa página tan horrible, tan sangrienta de la historia de mi país pero todavía hay protagonistas, todavía hay gente que la vivió y lo recuerdos obviamente no son buenos, pero las nuevas generaciones lo tienen superado y para la sociedad española hoy es una página que ha cerrado.
-¿Estoy muy errado si digo que su libro es una novela sobre la identidad y sobre la libertad?
-Es una novela sobre la identidad, es una novela sobre la libertad, es una novela contra los totalitarismos, contra cualquiera totalitarismo. El siglo XX es el siglo de dos grandes totalitarismos, el comunismo con la pero cara que era el stalinismo, por un lado y el fascismo por otro. Yo espero que en el siglo XXI no se vuelva a dar otra confluencia de dos ideologías que causaron tantos millones de muertos y tanta tragedia, porque fue una autentica tragedia. Dime quién soy es una novela que se sitúa claramente contra los dos grandes totalitarismos, es una novela que defiende la libertad y la libertad de los individuos.
-En la novela se advierte que lo que nombra como los dos totalitarismos tienen las mismas metodologías represivas.
-Sí, pero creo que el nazismo es la página más negra de la historia de la humanidad, superó con creces los horrores del stalinismo. El stalinismo es una página terrible pero el nazismo fue peor. La organización sistemática de la eliminación de un pueblo como hicieron los nazis con los judíos es algo que no se ha dado nunca. Se ha matado por motivos ideológicos, por motivos económicos, por motivos políticos pero organizar una matanza para acabar con gente de una determinada raza es una cosa que me sobrecoge, creo que es la página más negra de la historia de la humanidad.
-En la novela hay un recorrido histórico, en el sentido que los personajes transitan el siglo, pero también es un recorrido geográfico que los lleva a distintos puntos del mundo, Madrid, París, Moscú, Buenos Aires, entre otras. ¿Cómo trabajó la construcción de estos viajes?
-No creo que sea un recorrido histórico es una novela de personajes, es una novela de sentimientos, de personajes absolutamente complejos y contradictorios como somos los seres humanos. Yo no quería hacer una novela histórica, lo que pasa es que como los acontecimientos del siglo XX han sido tan potentes y tan tremendos, me parecía que para hacer una novela de personajes era el siglo más visible para que tuvieran esa confluencia de personajes atormentados y poliédricos.
-¿Cómo describirías a Amelia Garayoa?
-Amalia Garayoa es una mujer que le toca vivir los últimos días de la Segunda República española, la caída de la Segunda República y el comienzo de la Guerra Civil. Es una persona de la burguesía madrileña, de la burguesía ilustrada y es una mujer que se encuentra a lo largo de su vida con una serie de hombres. En realidad no es la historia de una mujer, es la historia de unos hombres cuyas vidas confluyen en una mujer. Cada capítulo lleva el nombre de un hombre: un joven republicano español que pierde la guerra que es su marido; un periodista norteamericano nombrado en aquella Europa de entreguerras que veía que la política de apaciguamiento con Hitler llevada a cabo por Gran Bretaña era un auténtico error como se demostró; un revolucionario francés un comunista y un hombre complejo como tantas personas que a principios del siglo XX militaron en la idea del comunismo pensando en que realmente iban a construir un mundo mejor, un mundo más libre, un mundo más igualitario. La idea era hermosa, la idea merecía la pena y en esa idea militaron miles de personas y buena parte de la juventud europea de principios del siglo XX, después llegó Stalin y convirtió la idea en un gran horror, ese personaje es uno de los personajes más potentes de Dime quién soy y luego otro personaje que es un médico prusiano, militar, que a pesar de estar en contra del nazismo termina luchando en el Ejército nazi y viviendo el horror de lo que significó el Ejército avanzando por toda Europa y asesinando a millones de personas. Con estos hombres construí la historia, estos hombres no tienen nada en común, nunca tendrían que haberse encontrado pero se encuentran a través de esta mujer española que tiene un sentido bastante universal de su vida y de la realidad.
-¿En estas historias a través de Amelia hay también un homenaje y un reconocimiento a miles de mujeres que en las distintas luchas y acontecimientos que se dieron en Europa han sido invisibilizadas en la historia?
-Hasta el siglo XX las mujeres hemos sido poco menos que una nota a pie de página en los libros, salvo alguna Reina o las Diosas de la mitología, las mujeres eran prácticamente invisibles. El siglo XX es el siglo en el que la mujer deja su condición de mujer objeto para pasar a ser sujeto de la historia. En el siglo XX hubo mujeres que dieron ese paso adelante y fueron realmente valientes y se jugaron su propia vida para poder ser dueñas de su destino. Amelia Garayoa, que es la protagonista de la novela, es una mujer que tiene el inmenso valor de coger las riendas de su propia vida en un siglo o en un comienzo de siglo en el que eso no era habitual. Para escribir Dime quién soy me encontré con las historias de muchas mujeres reales, de carne y hueso, que fueron capaces de hacer lo mismo y sin embargo no lograron trascender. Siempre tenemos la idea que en la Segunda Guerra Mundial, o en la resistencia francesa o en los movimientos de oposición al nazismo había hombres pero había también muchísimas mujeres que se jugaron la vida por la causa de la libertad, que lucharon contra el fascismo y el nazismo, pero esas mujeres todavía hoy son invisibles.
-Hay también en la novela una mirada muy crítica al rol que ha tenido Europa en no ver lo que significaba Hitler y su crecimiento para la humanidad.
-Sí, hay una crítica contra la política de apaciguamiento que hizo Gran Bretaña, que era la gran potencia en aquel momento. Gran Bretaña pensaba que era mejor contemporizar con Hitler para evitar la guerra negándose a ver que la guerra era inevitable porque Hitler tenía una idea expansionista y lo que quería era conquistar Europa. Esa política de contemplación con el totalitarismo es una demencia, creo que no hay que andarse con contemplaciones con ningún totalitarismo, absolutamente con ninguno y hay que denunciarlo desde el primer momento.
-El personaje que narra la historia que es un periodista, Guillermo, dice en un momento frente a los cuestionamientos de su madre por no tener un empleo “normal” y estable que él no trabaja porque los de derecha no lo quieren porque es de izquierda y que con los de izquierda no puede trabajar porque no quiere hacer propaganda. ¿Hay que leer ahí una crítica al sistema de medios de comunicación en España y al rol del periodismo?
-Yo creo que en este momento los periodistas jóvenes en general en todas partes del mundo viven una situación difícil que es la precariedad en el empleo y sueldos bajos, eso hacen que estén a merced de las empresas, que terminen a veces teniendo que callarse o teniendo que adaptarse, más allá de lo razonable, a los intereses de las empresas. Creo que el periodismo en general, el español pero también el que se hace en otras partes del mundo está a merced de los intereses económicos, en el momento en que los intereses económicos de una empresa periodística prevalecen termina habiendo conflicto con lo que es la libertad de expresión. En este momento está bastante polarizado entre lo que es el periodismo de derecha y el periodismo de izquierda. Yo soy periodista, me apasiona el periodismo, para mí constituye una gran pasión, pero creo que la obligación del periodista es ser permanentemente antipáticos con el poder aunque los que estén en el poder en determinado momento pueda ser gente a la que nosotros votamos, pero no estamos para decir que son estupendos los que gobiernan sino para buscar que hacen mal y ejercer una labor absolutamente crítica y eso no lo entienden los que están en el poder ni los de derecha, los de derecha en absoluto pero los de izquierda tampoco porque piensan que si haces una crítica demasiado acerada estás haciendo el juego a la derecha pero yo creo que los periodistas tenemos que ser libres, los intelectuales tenemos que decir lo que vemos, de denunciar las cosas que están mal hechas y tener una permanente actitud crítica y para los periodistas jóvenes es cada vez más difícil. Yo que ya tengo una edad y una carrera a mis espaldas me puedo permitir el lujo de decir lo que me da la gana, porque ya alcancé un status en que lo digo y no me pasa nada pero no pienso en lo que yo pueda hacer, pienso en la situación de mis jóvenes colegas, de los que se juegan todos los días sus puestos de trabajo, para que puedan ejercer esa función crítica y de control
-¿En Guillermo están los rasgos de lo que entiende por la profesión periodística?
-Ahí está la forma que yo entiendo que hay que ejercer el periodismo. El periodismo es un compromiso con la opinión pública, es un compromiso con los ciudadanos. Los periodistas tenemos la obligación de ser antipáticos con el poder.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires. Noviembre de 2010.
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