Felipe Celesia y Pablo Waisberg
La Ley y las Armas
Editorial: Aguilar
Publicación: Julio 2007
ISBN: 978-987-04-0739-3
El 31 de julio de 1974, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, el diputado nacional Rodolfo Ortega Peña moría acribillado por la Alianza Anticomunista Argentina. El hecho marcaba el inicio de una violenta escalada en el accionar de la "Triple A" y ponía fin a la vida de un intelectual, abogado y político que expresaba como pocos la agitada historia argentina de esos tiempos. Hijo de una acomodada familia antiperonista, formado para ser un digno representante de su sector social, el "Pelado" Ortega Peña se convirtió en la antítesis de ese modelo: abogado de organizaciones sindicales y defensor de presos políticos, historiador revisionista, militante del peronismo de izquierda vinculado con organizaciones armadas, peronistas y no peronistas. La ley y las armas reconstruye la vida de ese hombre calificado por muchos como "francotirador" o "provocador", y al mismo tiempo recrea uno de los períodos más intensos de la vida política, sindical, social y cultural argentina: el que abarca desde la "década infame" hasta la última presidencia de Juan D. Perón. Felipe Celesia y Pablo Waisberg son los autores de esta minuciosa investigación, basada en un nutrido conjunto de fuentes documentales y un centenar de entrevistas a quienes conocieron a Ortega Peña, compartieran o no sus ideas o sus afectos. Captan así la imagen polifacética y a veces contradictoria, en lo público y lo privado, de quien juró como diputado de la Nación bajo la consigna "La sangre derramada no será negociada".
Entrevista a Felipe Celesia y Pablo Waisberg, autores de La ley y las armas. Biografía de Rodolfo Ortega Peña.
Editorial Aguilar
ISBN 978-987-04-0739-3
Felipe Celesia
Nació en Buenos Aires en 1973. Cursó estudios de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires.
Desde 2004 es periodista de la Agencia TELAM.
Trabajó en los diarios La Capital de Mar del Plata, La Prensa y en la Agencia Noticias Argentinas.
En 1996 ganó el Premio Municipal de Literatura en Mar del Plata.
En 1999, recibió el tercer premio del Concurso Nacional de Ensayos "Legislador José Hernández".
Pablo Wiasberg,
Nació en Buenos Aires es 1974.
Es Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
Es redactor de Buenos Aires Económico.
Entre 1998 y 2008 fue redactor de la sección política de la Agencia Noticias Argentinas.
Desde 2000 es corresponsal de la revista Latinoamérica Press/Noticias Aliadas de Lima, Perú.
-¿Por qué Ortega Peña?
- F.C.: Creemos que era una vieja deuda con la historia contemporánea argentina contar la historia de Ortega Peña por varios motivos: porque era uno de los personajes de los setenta cuya historia faltaba contar y en porque en él estaba representado un personaje paradigmático de los setenta que era este nuevo hombre que de alguna manera querían construir la izquierda en ese momento y la generación de Ortega Peña, esto es, alguien involucrado con la política, con los temas sociales y con su entorno inmediato desde una perspectiva revolucionaria. Ese fue uno de los motivos, después hubo motivos personales y los que compartimos con Pablo es que estábamos los dos en un medio que no nos ofrecía demasiado terreno para la expresión y creímos que con un libro ibamos a poder desarrollar otro tipo de trabajo sin condicionamientos y con una posibilidad cierta de hablar con voz propia.
- Cuentan en el libro que este símbolo del movimiento revolucionario, Ortega Peña, sin embargo tenía un mandato familiar y de clase distinto. ¿En que momento él rompe ese mandato familiar de un sector acomodado burgués?
-F.C.: Una familia gorila. El rompe con su cuna gorila de una manera bastante típíca de la época. Bastante típica de los hijos de familias gorilas que se radicalizan y terminan adscribiendo al peronismo: él va a la Plaza donde Lonardi habla de "ni vencedores ni vencidos", pero que básicamente era una Plaza que festejaba la caída de Perón y ahí se da cuenta que el prototipo social que estaba en esa Plaza eran los amigos de su padre, la aristocracia, los terratenientes y que, por el contrario, el pueblo, los que estaban en los alrededores vivían como una derrota la caída de Perón.
De alguna manera, en esta suerte de polaridad, estaba la respuesta a las inquietudes políticas y en como conducirse: esto era el peronismo. El rompe con esta cuna de una manera muy típica, con un mecanismo cuasi literario, que se repite en otros personajes de la época, como Carlos Mugica, como Sábato y otros que es esta cosa del choque cultural entre la Plaza que repudiaba a Perón con galeras y damas con vestidos largos y el pueblo que estaba en los alrededores, en el sur de la capital, que estaba triste y acongojado porque Perón había tenido que exiliarse.
-¿Su primera incursión en la militancia no es en el peronismo?
-F.C.: Lo que pasa que él se asume como revolucionario, que en ese momento era el paradigma ideológico, estamos hablando de los 50 y 60 y empieza a militar en el Partido Comunista, que, siguiendo la estela de la revolución rusa del 17, tenía mucho campo de desarrollo. Empieza militar ahí pero rápidamente se da cuenta que no había posibilidades revolucionarias en el Partido Comunista y que, por el contrario, era un partido de comité, de burócratas, de discusiones donde los dirigentes no hacían más que morderse la cola y donde no había posibilidades de actuar sobre la realidad. Ahí rompe con el PC y empieza a descubrir posiciones más orgánicas a través de dirigentes históricos del peronismo que estaban en la resistencia.
-En este contexto ustedes cuentan una reunión clave con Hernández Arregui.
-F.C.:Sí, Hernández Arregui fue uno de sus mentores. En ese momento era el justo medio del intelectual comprometido que apoyaba al peronismo pero que no era orgánico y tenía posturas un poco más a la izquierda que el propio Perón. Este era el lugar más cómodo para Ortega Peña y el lugar natural -diría yo- porque su formación era eminentemente intelectual, Ortega Peña no era un dirigente clásico en los términos que lo entendemos ahora. Era un joven de cuna aristocrática, que había estudiado derecho y que tenía una gran pasión por la filosofía. Y un intelectual privilegiado: un tipo que absorbía todas las materias humanísticas con una facilidad y una velocidad increíbles y generaba sus propias ideas. Para él, tanto el PC como este grupo de hisoriadores e intelectuales nacionalistas eran un lugar indicado como para empezar a militar.
-Leyendo el libro uno advierte una gran producción intelectual, tanto en revistas como en libros de él y de su gran amigo Eduardo Luis Duhalde
-F.C.: Hay como una dialéctica entre su trabajo intelectual y literario y su actividad política: una ayuda a la otra y se van cimentando unas a otras. Su fortaleza esta ahí y además los intelectuales tenían otra influencia política. Basta con recordar a Sarte en Francia para decir que los intelectuales tenían una mayor inserción en la política que lo que tienen ahora. Y ellos empezaron -cuando ven que se achicaba por la represión de la dictadura la posibilidad de hacer política práctica- a trabajar sus libros de historia que lo que hacía era reivindicar caudillos con no muy buena publicidad y entenderlos como el sujeto social de la historia y el sujeto revolucionario.
-¿Otra persona que es importante y que lo influye es el historiador Jose María Rosa?
-F.C.: Sí claro, Pepe Rosa así lo llamaban, con el trabajan codo a codo en la campaña de Framini a la gobernación de la provincia de Buenos Aires que gana y que los militares echan para atrás e invalidan. Esto fue un golpe muy duro a la dictadura del momento y fue un gran logro para todo este grupo que a partir de ahí tuvo un reconocimiento inmediato, tanto del peronismo en el exilio, como del mismo Perón, como de la vieja estructura de la resistencia que le da crédito por este logro.
-Hay una frase que genera impacto a la luz de la historia y de los años trascurridos que ustedes escriben. Dicen que Ortega Peña la pronunciaba: "la muerte no duele" y que podría aparecer como la cara de la misma moneda que dice "la vida no vale nada". ¿Es una marca de época?
-F.C.: Creo que ahí lo que ocurre es que la muerte no duele lo que dice, en definitiva, es que la muerte es abstracta. No sabemos que es la muerte y cuando ocurre ya estamos muertos y también en la frase está reflejado un poco este enamoramiento de inmolarse por la causa que había en toda esa generación y que Ortega Peña vaya si es un ejemplo de eso: muere con treinta y ocho años, baleado en una esquina de la capital.
Esta frase la repetía ante la insistencia de sus compañeros y amigos de que se protegiera más, porque era un blanco móvil de fácil localización, era un hombre muy alto, pelado, con una larga barba. Era muy fácil de identificar y muy difícil de camuflar. Y él cuando sus amigos insistían con que se protegiera, que cambiara sus recorridos habituales y cambiara su aspecto. Él respondía con una de sus frases de cabecera, después de justificar y argumentar porque no había que retroceder en el escenario público, remataba casi siempre con esto de "la muerte no duele", que es irrefutable: la muerte no duele, la muerte acontece.
-Esos pedidos que le hacían sus compañeros tenían justificación sólida: en el libro relatan todos los anuncios que tuvo el asesinato.
-F.C.: Sí, desde amenazas concretas en las publicaciones de la ultra derecha y de la Triple A en volantes y después una sensación, cuando muere Ortega Peña a nadie le llamó la atención. Era como la muerte anunciada. Y no llamó la atención, precisamente, por las posturas muy críticas que tenía Ortega hacia lo que se denominaba la burocracia sindical y al avance de José López Rega en el ministerio de Bienestar Social con todo lo que era la derecha peronista que ya estaba enquistada en el gobierno y que ya había cooptado el gobierno. Era lógico que en el marco de una violencia política creciente, donde el asesinato político era cosa de todos los días, que Ortega Peña fuese una de las víctimas era como de manual. Y así fue.
-En este sentido ustedes hacen un gran aporte con el descubrimiento del diario alemán donde se reclama la muerte de Ortega Peña.
-P.W.: Había habido varias advertencias que incluso uno lo puede leer más atrás en la propia historia de Ortega Peña y de Eduardo Luis Duhalde, que era su socio y amigo, que tenía que ver con la serie de atentados que fueron sufriendo. Se va profundizando la lucha política y en eso se profundiza la violencia de esa lucha política. Existió este anuncio a través del Argentinisches Tageblatt , en el cual se señalaba a varios dirigentes políticos a los que se les proponía usar la política de noche y niebla, que era la política que había utilizado el nazismo alemán durante el Tercer Reich. El tema es que estos anuncios fueron tomados con seriedad, pero no impidieron la continuidad de la lucha política ni de la vida política. Y Ortega Peña estaba profundamente cruzado por la vida política del país, por lo tanto esta serie de anuncios que aparecieron tanto ahí como en otros medios de la derecha, no sirvieron para amedrentar a Ortega Peña.
Hay que pensar que era un militante, un dirigente político, un intelectual que había sufrido varios atentados, que había viajado a Trelew, para ver cual era la suerte de los detenidos tras la fuga de la cúpula de la dirigencia política detenida en ese momento en el Penal de Rawson, era un tipo que si bien debería tener miedo como cualquiera, lo hacía a un lado para continuar con su vida política. Esos anuncios a través de los medios gráficos de la derecha no sirvieron para amedrentarlo.
-Como abogado, una de sus principales tareas fue posterior a la fuga de Trelew. ¿Ellos deciden viajar apenas ocurre?
-P.W.: Sí, viajan Ortega Peña. Eduardo Luis Duhalde y otros abogados más. Van a ver que es lo que podían hacer por los presos detenidos en la Base Naval Almirante Zar y ahí se dan varios episodios muy de la época: tratan de viajar en avión y no pueden, alquilan dos remises, alguno pone el auto particular, todo en una suerte de novela Quijotesca. Lo cierto es que atravesaron varios retenes, estuvieron a punto de ser detenidos y en ese marco de tanta complejidad para la seguridad personal, ellos aparecen muy preocupados por cumplir el rol de abogados militantes que tenían en ese momento. Se alojan en el mismo hotel que se aloja el Juez Quiroga, le hacen presentaciones legales que le tiran por debajo de la puerta, pidiendo saber de los detenidos, intentan llegar a la Base Naval y no pueden.
Cuando ven que eso está trabado, como tenían una profunda política mediática para la época, deciden volver a Buenos Aires a ver que es lo que pueden hacer acá. Ortega Peña junto con otros abogados, organiza acá una conferencia de prensa y Duhalde junto con otros dos abogados viaja a Chile a entrevistarse con el gabinete de Salvador Allende para intentar que los fugados que estaban en Chile pudieran tener un salvoconducto a La Habana. En el libro está contada esa reunión, en la que Allende finalmente decide liberarlos después de enterarse del fusilamiento de los militantes que estaban en la Base Naval.
-El otro de los trabajos como abogado fue antes y es cuando trabajo en la CGT cerca de Vandor del que surge el apodo que los acompañó durante muchos años, ¿Cómo es esa época?
-P.W.: Ortega Peña y Duhalde se ganan el mote de "Rómulo y Remo" porque dicen que mamaban de la loba por su vínculo con Vandor. Creo que tiene que ver con que los dos tenían una profunda vocación de poder y hacían las cosas con mucha pasión, entonces cuando avanzan en su proceso de peronización deciden acercarse fuertemente a las masas y en esa época las masas eran peronistas y estaban en los sindicatos y el sindicato más fuerte era la UOM. Hoy sería distinto. Deciden ir a la UOM y adonde van, van a la nacional y la nacional la conduce Vandor y ellos se suman ahí y desde ahí hacen su militancia política, tienen una participación en el plan de lucha del 64 que la verdad que entiendo les cambia la cabeza, acerca de cómo era la cuestión de la relación entre los intelectuales y los obreros, pero esto no impide que ellos se ganen el mote de "Rómulo y Remo" que hasta el día de hoy a Eduardo Luis Duhalde le molesta bastante, y que ellos, después encontraron una forma de justificar su acercamiento que tenía que ver con una forma de asesorar al Príncipe. Lo que nosotros no pudimos saber es cuanto ellos pudieron influir en las decisiones de Vandor.
La publicación del libro sobre la desaparición y el asesinato de Felipe Vallese entendemos que tiene condimentos políticos y contextuales y que hay que entenderlos en ese contexto. Primero, la investigación ya había sido realizada en forma completa por el periodista Pedro Barraza en el 63, osea pocos meses después que Vallese es desaparecido Barraza publica en un diario de un sector del peronismo revolucionario de ese momento, va publicando una serie de notas en las que revela todo el caso Vallese tal cual ocurrió. El libro que publican Ortega Peña y Duhalde, la realidad es que recoge esa investigación, algo de eso dice Duhalde cuarenta años después, y le agrega un análisis legal vinculado al concepto de desaparecido muy interesante. Ese libro es distribuido por la UOM, pero ¿en que contexto? En el contexto en el cual Vandor estaba muy apretado por un sector muy importante del peronismo, porque su relación con Perón estaba en franca decadencia, en ese momento ya Vandor estaba planteando el peronismo sin Perón. Y Perón empezaba a señalarlo como un traidor e iba quedando así para las grandes masas peronistas, por lo tanto la publicación del libro para Vandor era una suerte de operación de limpieza.
Lo que no quita el mérito de que ese libro, escrito de la forma que fue escrito, con frases de Simon de Bouavair que plantean que lo que le ocurrió a Vallese no fue un caso aislado sino que es parte de un sistema, es lo que genera en cierto sector del vandorismo un repudio explícito para Ortega Peña y Duhalde. El libro de Felipe Vallese publicado por la UOM es profundamente contradictorio y, para mi, es una de las obras que reflejan las contradicciones que tenía el movimiento peronista y Ortega Peña particularmente.
-Es muy atractivo el diálogo que tienen con Tomás Eloy Martínez cuando le piden que dirija una revista. ¿Lo podés contar?
-P.W.: Cuando asume Cámpora, pasa los primeros meses después vienen las elecciones y asume Perón, Ortega Peña y Duhalde comienzan a ver cierto distanciamiento entre el programa que había planteado el FREJULI en el 73 y lo que estaba ocurriendo en la vida política del país y empiezan a analizar la posibilidad de tener un medio de difusión propio que pudiera plantear estas discusiones, que fuera un medio de debate y que trabajara en el sector de la militancia política pero en el sector de los cuadros dirigenciales de las distintas fuerzas. Esa revista se llamó Militancia Peronista y, como ellos de periodismo entendían poco y nada, empiezan a buscar a alquien que pudiera diriger esa revista y eligen a Tomas Eloy Martínez. Y Tomás rechaza el ofrecimiento porque lo que el plantea que ellos querían un militante periodístico y él necesitaba vivir, no iban a poder pagarle lo que el quería.
Después, cuando la revista empieza a circular, le piden una opinión y él tiene una opinión bastante crítica de la revista y dice que como revista no era buena pero que lo que diferenciaba la revista era el punto de vista con el cual ellos leian la realidad y eso era lo que hacía distinto cada uno de sus libro: la mirada que ellos aplicaban sobre la realidad.
Entrevista realizada por Matías Méndez. Febrero de 2008.
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