Pepe Eliaschev
Me lo tenía merecido
Editorial: Sudamericana
Publicación: 2009
ISBN: 9789500730341
Pepe Eliaschev se anima a algo que muy pocos periodistas pueden hacer hoy en la Argentina: se para sobre el presente y mira hacia atrás su propia vida, sin ira ni indulgencia, y repasa los momentos clave, echando mano tanto a la emoción del relato íntimo como al punzante rigor propio de las mejores armas del periodismo. Eliaschev confiesa que ha vivido y revela viñetas de aquellos días de niño judío en Buenos Aires, mimado por sabias abuelas rusas con exquisiteces culinarias inmemoriales; anécdotas de su paso como estudiante politizado por el Nacional Buenos Aires; páginas de una adolescencia siempre bajo la impronta de erotismos desbordantes; o los tempranos inicios como aprendiz de periodista capaz de ver en los maestros virtudes y miserias. El Pepe adulto entra en escena con una mirada crítica y aguda hacia la violencia política, que deriva en un exilio en el que armonizan, pese a todo, ausencias, pérdidas y construcciones vitales (una familia, una carrera, una idea del mundo). Del hincha de Racing al corresponsal de guerra, de ser hijo a ser padre y abuelo, de días resplandecientes a otros realmente oscuros, un tránsito en el que va conformándose un Eliaschev acaso secreto pero en inconfundible primera persona. Es decir, expuesto a través de los ya acreditados matices de su voz característica, de esa voluntad permanente de aunar datos con conceptos, de una manera de decir que le da forma a este recorrido biográfico único.
Me lo tenía merecido. Una memoria.
Autor: José "Pepe" Eliaschev
Editorial: Sudamericana
ISBN: 950-07-3034-1
Cantidad de Páginas: 315
Publicación: Marzo 2009.
Sección: Investigación periodística
Pepe Eliaschev: "El libro es un strip tease emocional, político y literario"
El autor
Pepe Eliaschev lleva varias décadas pensando, hablando y escribiendo sobre las cosas que lo conmueven en la política, en la cultura, en la sociedad, en el país y en el mundo. Además de su extensa trayectoria en Buenos Aires, ha trabajado en revistas, agencias, radio y canales de televisión internacionales (Roma, Caracas, Nueva York, México). Ha escrito libros como Lista Negra. La vuelta de los `70 (2006), La intemperie (2005), Esto que queda (1996), A las 6 de la tarde (1994) y USA, Reagan: los años Ochenta (1981). Ha sabido alternar formatos tradicionales del periodismo (sus columnas en Perfil y Diario Popular) con los más avanzados, como sus podcasts (www.pepeeliaschev.com) que recuperan su personal modo de expresarse frente al micrófono.
Entrevista completa
-¿Cómo contarías tu libro?
-Este libro es una memoria, como lo dice la propia portada. Y una memoria no es lo mismo que mis memorias, ni las memorias, ni tampoco es una autobiografía. Es un recorte, es un relato, es una manera de encarar aspectos de mi vida. La Editorial le ha puesto una volanta, un epígrafe, una suerte de banda, que me parece muy oportuna, porque dice "la investigación más compleja de un periodista: su propio pasado", de esa frase sobresale la palabra periodista, que es lo que yo he hecho en los últimos cuarenta y cinco años, esto es: empecé muy joven y nunca deje de hacerlo.
Es un libro muy variado, muy diverso, con muchos altibajos deliberadamente perpetrados. Es un libro que habla de política, que habla de periodismo, que habla de sexo, que habla de la Argentina, del exilio, de las inmigraciones, de mis ancestros. Es una búsqueda, que al final de haberlo escrito lo bauticé una especie de striptease, no porque sea muy hermoso que yo me desnude pero es un strip tease emocional, político y literario. Debo decir, que tiene más de setenta fotos. Es un libro muy apoyado en la documentación fotográfica adónde aparecen personajes que ha muchos va a asombrar muchísimo.
-Cuando terminé el libro, lo primero que se me ocurrió pensar es Pepe no podría haber sido otra cosa que periodista. ¿Esto es así?
-Sí, al cabo de una peripecia de vida, no es que esté terminando espero que siga, pero después de tantos años yo me convencí que, con todo respeto por los estudios vocacionales y, desde luego, con la formación universitaria, el periodismo es uno de esos oficios que reclaman de manera excluyente una fortísima impronta vocacional. Quiero decir con esto que es muy poco probable que sobresalga en este oficio, al que llamo deliberadamente oficio y no profesión, alguien que se haya acercado a él con frialdad, podrá ser periodista y de hecho creo que la abrumadora mayoría de mis colegas no están apasionados por lo que hacen como yo lo he estado toda mi vida, pero es poco probable que se distinga un periodista que no siente, esto que yo he dicho siempre, no podría haber hecho otra cosa en mi vida y en ese sentido Me lo tenía merecido, recorre ese camino. Habla de mis primeros pininos en el periodismo, yo tenía diez años y ya escribía unas especies de crónicas de la Revolución Libertadora y de la caída de Perón, quiero decir con esto que, sin que hubiese pasado por mi vida ningún estudio, mis padres eran gente muy sencilla, no eran periodistas ni mucho menos, ni siquiera universitarios. Sin que todo eso hubiese llegado a mi vida, yo ya tenía una especie de destreza, que no es ningún mérito mío, es algo que debo decir, así como los artesanos o por hay hasta los futbolistas -quién le enseñó a Maradona, ojo no me comparo con Maradona, pero quién le enseño a patear la pelotita, lo tuvo de nacimiento- bueno, en el caso mío he sido periodista porque así estaba escrito de algún modo en el libro.
-En tu relato ya desde muy chico estaba presente la radio y los diarios.
-Desde mi infancia, ahí está un poco la impronta familiar. Mi viejo que había hecho hasta sexto grado y que tuvo que empezar a trabajar a los 11 años era un hombre que recibía el diario de la mañana, La Prensa, que lo tiraban por debajo de la puerta del departamento, y a la noche La Razón. Dos diarios por día, es impresionante considerando que el hombre no era un profesional pero tenía una poderosa voluntad de mejorar, de conocer, de tal modo que el diario en mi vida está desde el comienzo. Mi padre me pide cuando soy muy chico que él quiere que yo los sábados a la meñana visite galerías de arte, a él le gustaba mucho la pintura y después me dice y ahora quiero que del diario La Prensa -estoy hablando de la década del ´50- recortes los articulitos con las muestras de pintura y los vayas pegando en un cuaderno, bueno es lo que sigo haciendo hoy, no eso claro, pero la adicción a la letra impresa me acompaña desde chico y yo creo que eso es como ser hincha de Racing, casi casi, como una marca familiar.
-En algún momento del texto, hablas de tu gusto por el olor a tinta
-Sí, me sigue embriagando como el primer día aunque ya estemos en la composición frío, aunque ya estemos prácticamente en el libro digital, ya estamos con la interfaz versátil que elimina el papel pero yo sigo y lo seguiré siendo un hombre que se embriaga con el olor de la tinta, con los diarios, con las revistas, con los libros.
-En los relatos de tu infancia aparece una Buenos Aires que también te apasiona y a la que le has dedicado textos y sobre la que has pensado, que es una ciudad distinta a la de hoy. La percibo más tolerante y mejor para vivirla.
-Yo tengo un libro que se llama Sobrevivir en Buenos Aires, que es de 1996. Cuando se me pregunta sobre mi vocación es esta que estoy contando, pero también hay un amor secreto, o no tan secreto, es un amor paralelo. Había fantaseado con ser arquitecto, y fue una fantasía importante, esa fantasía fue truncada por mi absoluta ineptitud para la matemática. Cuando me dijeron los arquitectos mirá está muy bien, es muy bonita, es muy bello, las figuras, los colores, las formas pero tenés que proyectar, tenés que hacer planos
todavía no existía todo lo que hay ahora de la digitalización y entonces todo eso me alejo de la posibilidad de que yo estudiara arquitectura, más allá que en mi vida estaba predestinado a que yo iba a escribir, porque escribo desde muy chiquito.
Pero la Ciudad siguió siendo un objeto de fascinación y ya en la adultez, la vida me llevó a vivir en varios países, viví en Italia, Venezuela, Estados Unidos, México y las ciudades siempre me han enamorado y me han impresionado mucho y me empecé a dar cuenta que la Ciudad, como tal, como fenómeno social, cultural e histórico era un objeto del deseo para mi. Y Sobrevivir en Buenos Aires, que es un libro que ya no existe en las librerías, que en su momento apunto a un intento -cuando recién nacía la autonomía de Buenos Aires- de que la clase culta (y lo digo sin ningún prejuicio para con nadie), osea profesionales, universitarios, políticos, académicos, estudiantes, gente que de alguna manera u otra tiene un apetito por la cultura, se preocupara por la Ciudad más allá de la política en un sentido electoral, así que la ciudad está presente en mi libro y si eso que se menciona de que aquella ciudad ya no existe y yo debo admitir que sí, que es cierto, así como hay muchas cosas que no existen.
-Me refería a esos relatos de la infancia, en los que narras tus viajes de Palermo a Caballito y donde es posible leer también una ciudad más amigable, más fácil de ser vivida que la actual.
-Vos sabés que no me lo habían dicho pero me parece que diste un poco con el clavo. Viajar en colectivo, ir, cruzar la ciudad de norte a oeste, era una experiencia que tenía mucho de fascinante y de aventura para un niño pero que en ningún caso era peligrosa. La presencia del peligro es muy posterior en la vida, ya hay que irse a los regímenes militares, a los golpes de estado, a la violencia política, al terrorismo pero en ese punto acuerdo que aquella ciudad ya no existe. Aquella ciudad donde mi madre me llevaba al Jardín Botánico, el Jardín Botánico no tenía las rejas de hoy, nada tenía rejas, los colegios no tenían rejas.
-Hay saltos de tu infancia al exilio, del Colegio a tus viajes, a diferentes momentos de tu vida. ¿Por qué elegiste no hacer un relato cronológico?
-Yo he peleado en este libro contra mi pudor. No recuerdo si está en la introducción o lo he dicho pero he vuelto una y otra vez a mi editor, Pablo Avelluto, a quién le estoy muy reconocido porque fue el responsable genético que yo haya escrito este libro. Volvía una y otra vez (hasta que me sacó a las patadas amigablemente) con una pregunta "¿a quién le interesa?, donde está dicho que este tipo que firma, que aparece una foto en tapa de un chico de cuatro años, va a narrar unas peripecias que le van a interesar a alguien, hasta que al final dijo: mirá, sabés que, no solamente dejate de jorobar sino que tomá conciencia de esto, desde el momento en que un escritor produce un texto y se pone en la mesa de una librería, sea una novela, un poemario o una investigación periodística, está haciendo un acto de autorreferencialidad, le dice al lector comprame, sacame de acá llevame a la caja preguntá cuanto vale, llevalo a tu casa y leelo. Y eso vale para una novela. Cervantes hace El Quijote y dice yo pienso que esto vale la pena, lo escribo y entrego a alguien que lo va a copiar. No te preocupes más por la supuesta falta de importancia sobre lo que vos comentás y en ese punto, yo ya tenía resuelto que una secuencia cronológica era de mucha autoimportancia: Manuel Belgrano nació, la bandera fue creada, falleció en la pobreza. No era esto, porque como digo, lo mío es apenas una brizna de aire en el tiempo de la historia, me interesa, por eso el libro está dedicado a mis hijos y a mi nieta, en todo caso que sea un instrumento de afirmación identitaria. Haber hecho esto que yo he hecho, que yo he escrito me deja feliz con mi familia y si hay siete, ocho, mil lectores que son felices con el libro, mejor todavía.
La secuencia cronológica, que va de mi nacimiento al día de hoy me parecía absurda, me daba vergüenza y esto me liberó. El libro es, en ese sentido, un disfrutar muy intenso de la libertad: ir y venir, no preocuparse si un capítulo tienen quince páginas y otro dos, no preocuparse si arranco cuando tengo once años y termino cuando yo no había nacido, hablando de mis bisabuelos en los pueblitos judíos de la Rusia Imperial. Eso me dio mucha libertad, me dio mucha respiración.
-Sobre ese punto -el de la libertad- quería preguntarte, porque una conclusión que saco como lector es que es la memoria de un libertario, de un tipo que no quiere someterse a estructuras. La libertad es tu rasgo identitario.
-Hiciste una lectura sagaz, porque es el día de hoy, inclusive viniendo a esta entrevista, que por cuestiones que no vienen al caso vinculadas con lo profesional, me preguntaba y me reía de mi mismo, me río basante de mi mismo, no hace mucho pero hace un tiempo que me río de mismo, me venía preguntando como es posible que yo todavía pueda seguir imaginando que podría adecuarme a un marco en donde mi libertad no fuera sacrosanta, porque la palabra libertario además me honra mucho porque todavía mi vida he tenido una gran admiración por el movimiento libertario, con el que he discrepado en muchas cosas, la violencia por ejemplo, los libertarios de fin de siglo ponían bombas, mataban gente, yo no creo en eso, nunca creí en matar gente, pero sí esa sensación que cualquier cosa que me quieren poner es un corsé, es un chaleco de fuerza como para los enfermos siquiátricos. Debe haber sido eso lo que has percibido, lo que relato como una serie impresionante de renuncias. Cuando comienzo a darme cuenta, me digo a mi mismo "pero pará un poco". Yo desde muy chico, desde que prácticamente arranco en el ejercicio de la profesión comienzo a decir esto no lo hago, esto no lo escribo, esto no lo digo, aquí no voy, aquí no me quedo y al final del día, debo decir, que esta es claramente una impronta, no se me había ocurrido ponerle la palabra libertario, pero por alguna razón estoy donde estoy, ejerciendo el periodismo en forma independiente de una manera muy riesgosa donde siempre tenés la cabeza puesta sobre el cepo, incapaz de formar parte de un gran grupo mediático, incapaz de formar parte de una organización política partidaria, aún cuando en mi vida me han ofrecido y me siguen ofreciendo cargos políticos. Soy en ese sentido, no me gusta la palabra francotirador porque no tengo un fusil para matar a nadie, pero si soy una persona que tiene una especie de alergia indomable con cualquier cosa que restrinja mi libertad de pensamiento.
-Utilice la palabra libertario en forma deliberada y con un doble sentido, porque en el libro también aparece el Eliaschev militante desde muy joven, por ejemplo en aquel año que calificás como "el año sabático de un mal alumno".
-La preocupación política me siguió hasta bastante pasada la adolescencia hasta que ya me consolidé como un periodista profesional, pero la preocupación por la política y la militancia arranca al despuntar la pubertad, yo ya estoy, de alguna manera, con preocupaciones y actividad militante a los 13 o 14 años. Aquel año sabático que describo en el libro es un año, en un sentido sombrío -hablo de 1962- y en otro maravilloso porque es la explosión de la adolescencia, la sensación del Colegio Nacional de Buenos Aires, por donde pasaron tantos notorios argentinos, era un laboratorio absolutamente privilegiado para preparar la transformación del país. Así como hubo proyectos totalitarios, de querer transformar el país con la punta de un fusil, con las armas en la mano. Hubo diferentes tipos de fundamentalismos de aquella época, utopías en algunos casos muy sangrientas, más allá de eso, todos aquellos que de alguna manera teníamos una voluntad entre reformista y revolucionaria la teníamos de una manera muy integral, era el Colegio Nacional de Buenos Aires, la Universidad de Buenos Aires y era el país en su conjunto. Y entonces aquella militancia, que era extraordinariamente vocacional y yo diría, a veces hasta alucinada, en el caso mío se cruza con una veta de amor por momentos de la historia argentina. Yo a los 11, 12, 13 años voy teniendo enamoramientos muy fuertes con ciertas figuras de nuestra historia que me dejaron una impronta muy grande y de la que no es ajeno el Nacional Buenos Aires: el descubrimiento de El Matadero de Esteban Echeverría, la lectura de Amalia de José Mármol, la lectura de Facundo de Sarmiento, la generación del 37, la asociación de Mayo, el dogma socialista, la lucha contra Rosas, Caseros, la organización nacional y los escritores que descollan entre el 80 y el comienzo del siglo a mi me movilizan profundamente más allá de la militancia política. Hay una Argentina que me interesa mucho en aquella época, con la que yo me identifico mucho, que me hace sentir que es posible y deseable la transformación a partir de la militancia cívica.
-En la página 153 decís que hubo un día en que te convertiste en hombre de radio. Estabas viviendo fuera del país y ¿que pasó?
-Es un día muy posterior a la primera vez que yo hice radio. Hice radio por primera vez de una manera muy inesperada cuando tenía apenas 21 o 22 años y me invitaron a hacer un programa en la vieja Radio Municipal que funcionaba en el Teatro Colón, que duraba quince minutos y se llamaba Y vos quién sos, era un reportaje.
Pero la radio me elige a mi y yo elijo a la radio ya en la década del setenta cuando yo vivía en pleno exilio y, específicamente el libro relata lo que fue mi paso por la guerra civil en Nicaragua y mi absolutamente inesperada conexión con una radio argentina, Radio Mitre, que me llama como un corresponsal aficionado, como un argentino que anda por el mundo. Estaba cubriendo la guerra en Nicaragua para varios medios: para una revista italiana, un diario venezolano y para un diario mexicano y me hacen una llamada, dos llamadas, tres llamadas, y cada vez que terminamos yo le preguntaba al productor "quedó bien, se escuchó bien" y el productor que me dice "pero, me estás tomando el pelo, es como si lo hubieras hecho toda tu vida", esa es una impronta muy fuerte. Entonces la radio, como las cosas grandes que han sucedido en mi vida, fue inesperada, fue imprevista, fue no calculada, yo no lo quise hacer, este libro tampoco, yo a este libro no lo quise hacer, este libro me eligió a mi, ahora una vez que me tocó la explosión emocional de hacer radio, y antes que yo sacara la cara por televisión, en mi primer retorno a la Argentina durante el exilio en los `80, me tomo un taxi para ir a Radio Mitre, adónde me estaban esperando para un reportaje, para mi presentación en sociedad, el tipo me mira por el retrovisor y me dice "como le va", digo bien y me pregunta "como fue el viaje", digo bien. Me reconocía por la voz, yo no era una foto conocida, era un perfectamente ignoto en la Argentina en 1980, eso a mi me dio una gran lección: que hay algunas voces que tienen una capacidad de ser registradas por otros tan o más fuerte que la imagen.
-Un hito en tu carrera es el programa que hiciste en ATC, Cable a tierra. Te confieso que me di cuenta que sólo tuvo un año y medio en el aire leyendo el libro, porque ha marcado a la televisión y uno tiene el recuerdo que fue un ciclo mucho más largo.
-Es el día de hoy, 2009. Es un programa que salió al aire en el `85 y terminó en el `86, han pasado entonces casi los años de la democracia y es el día de hoy que por eso me pareció oportuno en este libro, porque hay cosas que hay que hacer en la vida, que hay que hacerlas, hay que decirlas y hay que escribirlas: recuperar en su totalidad lo que fue el diálogo, la transcripción literal de la famosa encuesta tan vilipendiada y tan distorsionada. Para que se supiera exactamente, porque como sucede en todas las cosas de la vida es el teléfono roto
.es el día de hoy que me vienen a ver
no se puede creer movileros jóvenes y dicen porque usted la famosa encuesta donde salía a preguntar por. Y la pregunta que se hace no es la que yo hacía.
Lamentablemente el episodio final lo condicionó a una historia supuestamente transgresora, yo creo que lo fue en un sentido pero no en el sentido en que se ubica hoy la palabra transgresora: cero escándalo, cero sensacionalismo. Es más, si yo hubiese encarado esa encuesta sobre educación sexual y sobre el registro de los genitales en la vida de la gente a la manera que se hace ahora, en tren de broma, no hubiese pasado nada, pero la gente no estaba dispuesta a escuchar en televisión la palabra pene o la palabra vagina, eran palabras que no se usaban y además, quiso la historia que yo saliera con aquella producción justo el día en que la Virgen fue sacada del Santuario de Luján y traída a la Capital Federal en una lucha del Episcopado contra Alfonsín por la Ley de Divorcio.
Lo que a mi me importa registrar y por eso lo pongo en el libro minuciosa y deliberadamente es todo lo que hicimos en defensa de la política. Este es un programa donde tocaron en vivo juntos y por única vez en la vida Charly García y Luis Alberto Spinetta. ¿Quién más lo hizo eso? Además que pasó todo el rock de los ochenta. No hay nadie que no haya tocado en mi programa, además de políticos y derechos humanos. Es el programa que hizo escuchar por primera vez el audio del Juicio a las Juntas Militares. Fue muy maravilloso y creo que eso es una gran deuda mía con el gobierno democrático de Alfonsín, que mientras pudo, mientras tuvo fuerza, después se quedó sin fuerza permitió y más que permitió, estimuló que hubiese un programa como Cable a Tierra donde mis colaboradores eran Alan Pauls, Marcelo Figueras, Daniel Guebel, Sandra Russo, ninguno de los cuáles hoy día diría que estuvo en Cable a Tierra porque así es la vida pero eran mis jóvenes colaboradores.
Era un programa que, de algún modo, decía venimos de la dictadura y Cable a Tierra venía siendo el eslabón perdido. Un tipo, yo tenía cuarenta años, se hace cargo de estos siete años de dictadura y de exilio para que los chicos jóvenes que empezaban a militar encontraran en la televisión un lenguaje, un vehículo
-Tu otro hito, tanto en tu carrera profesional como también en la historia de la radio es Esto que pasa, que en algún momento del libro calificás "como una forma de vida".
-Yo llego a Esto que pasa, y aquí se repite una especie de no sé si karma o de paradigma de mi vida, de manera poco reflexionada, poco planificada cuando alguien me convence allá por el `85, es un programa que cumplió veinte años seguidos, me convence que yo no puedo seguir, por aquello de la libertad y de lo libertario, esperando que mis ocasionales contratos con los medios van a ser eternos y que si son eternos va a ser a costa de mi libertad, entonces alguien me dice cuando vas a ser dueño de vos mismo y eso que quiere decir, bueno, ya en los ochenta estaba implantado y a mi no se me cae ningún anillo en mencionar el nombre, porque creo que siendo un personaje censurable por muchas razones yo no me arrepiento para nada de mi conexión con él, Bernardo Neustadt había implantado una norma en la Argentina, distorsionada hoy y que le sirve a los medios para sacarse responsabilidades de encima que es la producción propia. Entonces, alguien me dice este señor lo hace con este discurso, pero él es el dueño del espacio, él convoca a quienes lo pueden sostener para estar en televisión y para estar en radio, ¿vos porque no lo podés hacer? A mi no se me había pasado por la cabeza, yo no me podía imaginar que hubiera empresas que dijeran vamos a acompañarlo a Eliaschev y así nace Esto que pasa, comprando el espacio. Hoy, 2009, yo sigo comprando, porque sigo siendo un hombre al que los medios no contratan en un sentido artístico, por aquello que acá quedaba y yo muy orgulloso de eso. El espacio que hoy tengo en radio, como el que tuve en los últimos años en televisión por cable, son espacios comprados y comercializados a puro riesgo.
Esto que pasa, es realmente una impronta muy muy fuerte, definitoria y definitiva de mi vida profesional, hasta que el programa es levantado por el gobierno de Néstor Kirchner el 30 de diciembre de 2005 a las ocho y cinco de la noche sin darme siquiera la posibilidad de despedirme de mis oyentes y dos semanas después de haber cumplido veinte años ininterrumpidos en el aire, de los cuáles diez fueron en Radio Del Plata, cinco en Radio Splendid, al comienzo, y cinco en Radio Nacional.
Entrevista realizada por Matías Méndez, en Buenos Aires. Marzo de 2009.
Se autoriza la reproducción total y parcial de la entrevista siempre y cuando de cite la fuente.
Sergio dice:
31/03/2009 - 12:28 AM
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Que bueno ver y escuchar leer a Pepe, tengo 43 años y durante mucho tiempo lo segui en la radio y, esperaba ansioso su editorial. Despues de tanto años lo veo por primera vez leer. Muchas gracias, de corazon
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Ana María de Caballito dice:
31/03/2009 - 12:31 AM
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Que bueno ver a Pepe, brillante!!! Lo quiero mucho y poder verlo en imagen tan relajado hablando de cosas que nunca lo había escuchado me encantó. Recomiendo leer la entrevista completa y (como ya lo leí) les ruego a todos que no se pierdan el libro.
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lionel benitez dice:
18/06/2009 - 07:19 PM
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En un pais donde escasea el ejersicio intelectual, me da un gran placer leer y escuchar a personas tan inteligentes despojadas de todo interes y dando gran importancia a la eccelencia. como dijo el maestro dolina en los 20 años de pepe en la radio: pepe es un gran pensador no por longebo sino por astero en inteligencia y buen trato con el idioma. lo escribe un chico de clase baja de jose c paz , en el gran buenos aires que mayormrnte se desesperanza dia a dia y la sabiduria de personas como pepe me despiertan de la pereza intelectual y me conmueve.
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SomogmaVeinee dice:
18/03/2011 - 07:54 AM
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