Yaki Setton
La apariencia de lo espléndido
Editorial: Bajo la luna
Publicación: 2008
ISBN: 987-9108-22-1
La apariencia de lo espléndido - Yaki Setton
La palabra es la clave y el origen, la palabra es acción: para el poeta decir es acceder a la certeza de la existencia y a la posibilidad de argumentarla. En este libro de Yaki Setton, el desafío del cuerpo es vivir, el de la mente ordenar, y el reto mayor que enfrenta la voluntad poética se centra en hallazgo de un nombre propio que no carezca de sentido. Puestos así a desentrañar la memoria del nombre, los poemas enumeran, la multiplicidad que subyace en cada orden, en cada identidad, en cada lugar del mundo.
Entrevista a Yaki Setton, La apariencia de lo espléndido, Editorial Bajo la luna, marzo 2008. ISBN: 987-9108-22-1
Yaki Setton nació en 1961. Es licenciado en Letras de la UBA y egresado del Instituto Nacional de Cinematografía. Publicó la antología La revuelta Surrealista (1990), la compilación Cartas a sus padres de Franz Kafka (1991), Vidas posibles, en colaboración con Maite Alvarado, (2000), Quirurgia (2002), Niñas (2004) y diversos artículos sobre enseñanza de la poesía.
- Soy Yaki Setton y cuento mi libro La apariencia de lo espléndido.
- ¿Cómo nace un poema? ¿Cuál es el proceso?
- Diría que hay dos modalidades, dos formas y depende del libro. Hay libros, como por ejemplo mi libro anterior que se llama Niñas, que tenía un programa estético, una idea acerca de cuál era la forma completa del libro. En ese caso, más que estar en la búsqueda de que un poema surja, estoy pensando en una estética, en una serie; hay una construcción en el tiempo acerca de cada poema, reuniendo información, etc., etc. En el caso de La apariencia de lo espléndido, no fue así; son poemas fragmentarios, breves, que surgen a partir de la experiencia de lo real, de ciertas situaciones inesperadas, de aquello que todo el tiempo se nos escapa en relación con el tiempo, con lo vital, con los hijos, con la muerte, cuestiones de la vida cotidiana. En ese caso, diría que el poema me busca a mí.
- ¿Cuándo aparece el sentido de un poema, antes o durante la escritura?
- Diría que hay dos sentidos del poema. Uno es en relación con la semántica del material poético, y otro en relación con el ritmo, con el ritmo y la caída de cada palabra y el cierre de cada verso. A su vez, esa semántica y esa relación con el sonido y el ritmo se unen y después configuran un sentido. Es decir, que es una construcción progresiva que creo que termina de cerrarse cuando lo corrijo, no cuando lo escribo; cuando lo corrijo lo vuelvo a escribir. En general, cada poema tiene, por lo menos, cuatro o cinco reescrituras, depende de cada uno. Hay poemas que tienen dos reescrituras, por ejemplo. Lo que para mi constituye, más que el sentido, el pensar que un poema está terminado es una construcción lenta.
- Con respecto a lo formal, los poemas son muy breves, pero muy densos porque en muy pocos versos se concentran múltiples significados, repeticiones, etc. Y temáticamente, hay una idea esbozada sobre la imposibilidad de decir todo y de la falaz referencialidad que tienen las palabras. ¿La brevedad, donde el significado se multiplica, es la condición para seguir escribiendo aunque no todo pueda ser dicho?
- Yo encuentro en mi forma de escribir poesía dos estilos. Un estilo que, en el caso de La apariencia, apela a lo breve. Mientras que hay otra línea, que la tiene tanto el libro que dije antes Niñas como un libro que estoy trabajando que se llama Nombres Propios, que apela más a una poesía cercana la prosa. En el caso de los poemas breves, muchas veces lo breve pareciera ser simple, que no dice nada o que es fácil de escribir. A su vez, si este poema breve está acompañado por un lenguaje sencillo, en general mi poesía no apela a palabras cultas, en esa especie de "nada" que es el poema breve, la palabra de la vida cotidiana, a pesar de ese esfuerzo y esa resistencia a decir que uno escribe poesía, aparecen sentidos difíciles de agarrar, de asir. Y entonces desde esa perspectiva, el poema es un triunfo, frente a lo real, más allá de que el poema refleje cierta frustración, de ahí el título del libro La apariencia de lo espléndido: esos momentos donde uno cree estar pleno de felicidad y ese esplendor no deja de ser la apariencia de algo difícil de representar.
- En mi lectura veo un dejo de teoría derridiana, fundamentalmente del concepto de la diferance en el trabajo con las repeticiones. Esa es una lectura, ¿está presente en el momento de la escritura?
- Si bien estudié Letras, no leí mucho a Derrida, lo estudié en la facultad, pero nunca lo entendí mucho. Lo que creo que puede aparecer allí no es Derrida, sino algunos poetas que a él le pueden atraer, desde René Char hasta Edmond Jabès que encarna la tradición judeo-oriental. Ojalá se pueda reconocer en mi poesía algo de ellos. No de Derrida, sino de la tradición poética vinculada con cierta tradición bíblica, que no tiene nada que ver con la fe, pero sí con cierta tensión y cierta confianza y desconfianza en las palabras y en la relación de esas palabras con la posibilidad e imposibilidad de representar el mundo.
- En los poemas subyace una tensión entre esta imposibilidad de expresar literalmente del lenguaje y la imposibilidad de expresar las cosas de otro modo, llamar a las cosas de otra manera. ¿Cuál es tu concepción del lenguaje?
- Hablaría, no de una concepción, sino de una idea de lenguaje para este libro, para La apariencia de lo espléndido. Es una cierta imposibilidad de acceder a un lenguaje que relacione y asegure que esas palabras estén vinculadas con las cosas del mundo real, eso por un lado. Y por otro lado, siempre me impactó, siempre me sorprendió una frase que está en el libro, tomada de un diario de Kafka, en donde Kafka dice que él sufre de las metáforas, de esta dificultad para lograr que la lengua esté a su servicio. Yo lo percibo así, pero me rindo igualmente y me resigno y sigo trabajando, porque también hay una necesidad de representar esa sensación. Es como un círculo vicioso: esa sensación que explicita una imposibilidad de confiar en la lengua, a su vez, posibilita que yo escriba poesía con esa lengua.
- Y en esa concepción, ¿cuál es el lugar del nombre? ¿El nombre confiere identidad? ¿Esa identidad está dada por una referencialidad material o es un disfraz, la apariencia de aquello que intenta representar pero no es?
- Sí, yo diría que el nombre, que también es la cosa, es también una tensión. Es un nombre que refiere a algo de lo real pero, a su vez, podría ser un disfraz de eso que se está nombrando. A su vez, está el nombre común y está el nombre propio. El nombre propio debiera ser específico para cada persona, único; sin embrago, si uno recorre el mundo y si uno entra en Internet y pone su propio nombre, va a encontrar que quizás hay miles de personas que se llaman como uno. Por lo cual, la duda es acerca de dónde está la identidad; en realidad, la certeza es que no se sabe si hay identidad. El libro empieza con una frase de Aníbal Troilo, que dice "Perdón por decir yo", porque la primera persona es el único nombre de aquel que habla, más allá de que aquel que habla es yo y todos en algún momento somos yo.
- Es un recipiente vacío, como vos decís en otro de los epígrafes.
- Sí, es un recipiente a llenar, pero que nunca se termina de llenar.
- ¿Es posible ser otro más allá del nombre? Porque en tus poesías jugás mucho con esa idea.
- Bueno, eso es la tradición de Rimbaud, que para mí es una poeta fundamental. No sé si yo puedo decir que hay alguna influencia en lo que escribo, pero te puedo decir qué poetas me impactan, y Rimbaud es el poeta que abrió y rompió con mi adolescencia, el que me inició en una poesía diferente. Contestando a tu pregunta, sí, en la medida en que no hay nombre real, no hay nombre propio ni relación con la cosa, hay una identidad pero no la hay. No sé si podría contestarte eso.
- Y el cuerpo ¿qué papel juega con respecto a la identidad?
- La apariencia de lo espléndido es un libro que comienza con un yo que tiene un cuerpo y que se levanta a la mañana. Eso parte de una experiencia concreta de todos los días, que aún hoy me acompaña; yo pensé que después de escribir el libro esa sensación horrible y angustiante iba a desaparecer, pero sigue, y hubo una época en particular cuando esa sensación fue muy intensa. El cuerpo pareciera ser la forma de sentir las cosas y, sin embargo, muchas veces, entre el cuerpo y el sujeto pareciera haber una distancia que no debería existir, un desdoblamiento. Y esto me parece que acompaña a cada persona en su vida cotidiana, a veces sin darse cuenta. En ese sentido, el cuerpo simplemente representa eso: es el que nos acompaña, el que nos permite hablar. No hay una valoración negativa acerca del cuerpo; existe, está, ni negativa, ni positivamente, a veces es un peso, pero es lo que hace que haya percepción y que esa percepción se pueda transformar en palabras.
- En todas los poemas hay un desgarramiento o una escisión: ser/parecer, cuerpo/mente, significado/significante, hacer/decir, percepción/realidad. ¿Estas son distancias insalvables o hay posibilidad de comunión? ¿Qué es lo que te interesa buscar en esos desgarramientos?
- Me parece que la poesía es eso, es una escisión, es un desvío, y es lo que hay que captar. La poesía es un testimonio de la captación de ese desvío, de ese desdoblamiento. Con respecto a la comunión, lo espléndido es una comunión, lo que pasa es que lo espléndido es, a su vez, una apariencia, pero sí hay un esplendor, y la búsqueda de ese esplendor también es una especie de utopía.
El libro también está atravesado por la tradición judía del nombre. Primero porque cuando era chico fueron mis primeras lecturas y, segundo, porque justamente por eso hay una desilusión, mejor dicho una caída, y allí diría que está el desvío, en pensar que puede haber una tradición vinculada con la palabra y con la fe de la cual sólo pervive la tradición con la palabra y no con la fe. Creo que eso está un poco en el libro.
- Refiriéndome al último de tus poemas, la apariencia de lo espléndido, ¿es infinita?
- Qué sé yo. El último poema tiene algo de chiste también, porque la frase "no hay mal que dure cien años" es una frase hecha, pero de cualquier manera no lo sé, soy bastante escéptico sobre eso.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en abril de 2008.
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