Leonora Djament
La Vacilación Afortunada
Editorial: Colihue
Publicación: 2007
ISBN: 978-950563-952-6
Este documentado ensayo de Leonora Djament renueva la interpretación de la obra de Héctor Murena abandonando los lugares comunes que, a partir de su libro El pecado original de América Latina, la arrojaban a un exclusivo terreno metafísico o telúrico. Sus obras posteriores lo muestran retomar los temas de la crisis de la razón y la recreación de una idea de lo sagrado al servicio de una teología poética sin perder su excentricidad: Murena acompaña y matiza con voz propia los descubrimientos de la Escuela de Frankfurt, para convertirse en una anomalía de los espacios culturales argentinos entre los años 50 y 70. Las revistas Sur, Centro y Contorno establecen y critican sus trabajos. Este libro presenta el modo en que H.A Murena se relacionó con estos y otros mojones de la historia intelectual argentina a partir de su conocido "compromiso negativo con las organizaciones y las instituciones sociales".
Leonora Djament, autora de La Vacilación Afortunada. H.A. Murena un intelectual subversivo, Bs As, Colihue, 2007. ISBN 978-950563-952-6
Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires.
Dicta clases de Teoría y Análisis Literario en la carrera de Letras desde 1996.
Ha publicado artículos en revistas especializadas y en libros.
Ha trabajado en Editorial Alfaguara como editora y fue Directora Editorial del Grupo Editorial Norma.
Actualmente es editora de Eterna Cadencia.
CML: ¿Quién fue Héctor Murena?
LD: Héctor Murena fue un intelectual, fue muchas cosas en realidad, fue un intelectual, un dramaturgo, un poeta, un novelista y un ensayista, básicamente. En el libro La Vacilación afortunada me ocupo específicamente de la parte ensayística de él, de sus ensayos, y prácticamente no tomo la parte novelística, cuentística, ni su poesía.
- ¿Esa elección fue simplemente parte de un recorte de tu corpus, o fue por algo específico de la ficción?
- Me parecía que la ficción iba a requerir un trabajo a parte y no me interesaba hacer un trabajo de crítica literaria en este caso sino ocuparme de los ensayos de Murena. Sobre todo porque, como señalo en el libro, simplemente se ha leído, o el libro más leído, más comentado de Murena es El pecado original de América, que es el primer ensayo que él escribe en 1954, que lo publica Sur, y a partir de ahí no se ha leído, o no se ha leído en toda su potencialidad el resto de los ensayos que Murena ha escrito, que básicamente son: Ensayo sobre subversión, El nombre secreto y La Metáfora y lo sagrado, que es el último que escribe antes de morir, que sale publicado en el 73. Entonces, me interesaba rescatar esa parte de los ensayos de Murena, que vuelvo a decir, para mi fue poco leído o no leído en toda su productividad, digamos, y poder hacer un trabajo sobre esos textos.
- ¿Qué hizo que no se lo haya leído?, ¿cuál fue la operación de la crítica, que vos llamas de "silenciamiento"?
- Suena tal vez un poco exagerado hablar de un silenciamiento de la crítica hacia estos ensayos de Murena, pero hay ciertas operaciones que fueron construyendo los críticos argentinos a partir de la década del cincuenta, a comienzos de los cincuenta, cuando Murena empieza a escribir, fines de los años cuarenta, inclusive, cuando Murena hace sus primeras intervenciones en la revista Sur. Ya desde esos años de Sur, año 48, 49, se lo critica por determinista, por telúrico, por poco riguroso, por caprichoso, y esas mismas críticas son las que de un modo o de otro, con mayor o menor rigurosidad se van a ir repitiendo cada vez con más énfasis a lo largo de los años cincuenta y sobre todo a comienzos de los sesenta, donde son los contornistas, digamos, los que formaban parte de la revista Contorno (Noe Jitrik, los hermanos Viñas, Rozitchner, Alcalde, Correas también), que se ocupan de hacer, solapadamente en algunos casos, cuestionamientos a la obra de Murena, tanto de ficción como de ensayo. Y a mi me parece que es en esos años donde se empieza a armar una etiqueta, un leit-motiv, que etiqueta con el nombre de "murenismo", eso, un pensamiento sesgado, un pensamiento pobre, determinista y telúrico, cuando en realidad Murena estaba escribiendo, a mi entender, una cantidad de ensayos donde estaba pensando la complejidad de lo americano, de lo argentino y de la situación política en general del mundo de una manera mucho más compleja que como estos críticos, tanto de Contorno como de Sur, lo estaban recibiendo y lo estaban leyendo. Entonces, por eso me parece que hay, conciente o inconcientemente, una especie de operación donde queda reducido, queda etiquetado, encasillado, el pensamiento de Murena y a partir de los primeros años de la década del sesenta directamente se lo deja de leer porque no es interesante leer a este hombre determinista, no marxista, en un momento donde el marxismo, el existencialismo son las corrientes de moda sobre todo en el progresismo argentino.
- A partir de las sucesivas reediciones desde los años noventa en adelante, la crítica se ha vuelto a ocupar de Murena ¿Qué es lo que hace interesante y productivo leer a Murena hoy?
- Me resultaba interesante, estimulante, pensar por qué Murena vuelve o empieza a ser leído, mejor dicho, el pensamiento de Murena hoy a partir de estas reediciones de sus libros tanto de ensayos como de ficción. Esta incipiente aparición de Murena en la Facultad de Sociales, en Filosofía y Letras y esta relectura de sus textos. No sé cuál es la respuesta, no creo que haya una única respuesta. Me parece que entre otras cosas que uno podría decir, es posible hoy después de tantos años leer en toda la complejidad estos ensayos de Murena. ¿En que sentido lo digo? Me parece que Murena en algunos aspectos - esto lo señalo en el libro - se adelanta al postestructuralismo. Está pensando, propone un pensamiento en términos de diferencia, en contra de las totalizaciones, de las sistematizaciones, del pensamiento en términos de la identidad, un pensamiento en contra de una categoría dura de sujeto, un sujeto pleno, un sujeto del conocimiento, una conciencia plena. Murena piensa en contra de todas estas categorías. Y me parece que era muy difícil en las décadas del cincuenta, sesenta y setenta inclusive, en la Argentina poder escuchar un pensamiento así. No estaban dadas las condiciones, no estaban dadas las lecturas, como para poder entender de qué estaba hablando este hombre que estaba proponiendo algo tan diferente a las corrientes de moda, y me parece que a partir de los años ochenta, una vez que entra la escuela de Frankfurt en la Argentina - recordemos que los primeros textos de Adorno y Benjamín son traducidos por Murena en la década del cincuenta y del sesenta, sin embargo entran masivamente en las lecturas, en la facultad y en los diferentes grupos intelectuales a partir del setenta con las traducciones de Taurus, España, y no con las traducciones que había hecho Murena veinte años antes- decía entonces, una vez que entra en la Argentina la escuela de Frankfurt, se lee Bajtín y se empieza efectivamente a leer a los pensadores postestructuralistas, franceses sobre todo, me parece que empieza a ser permeable un pensamiento como el de Murena, que en su momento le faltaba contexto para poder ser comprendido. Entonces me parece que esa es una de las posibles respuestas.
La otra me parece que tiene que ver con el pensamiento de izquierda en la Argentina en los últimos cincuenta años. Me parece que en general el progresismo, el pensamiento de izquierda ha estado dominado mucho tiempo por lecturas muy ortodoxas de Lukács, de Sartre. No porque estos pensadores sean ortodoxos sino por la manera en que han sido apropiados estos pensamientos, en donde si uno era materialista no podía pensar nada que estuviera más allá de la materia, digamos. Por lo tanto ciertas reflexiones sobre el ser y sobre el lenguaje quedaban fuera de este pensamiento tan materialista. Y me parece que eso es algo en lo que Murena indaga, es algo que Murena retoma de Benjamin, esta tensión entre idealismo y materialismo que hay por momentos en la obra de Benjamin y me parece que los dos, tanto Benjamin como Murena, lo toman del romanticismo alemán. Entonces, en este sentido me parece, de vuelta, que en este comienzo de siglo es posible, volver a estas lecturas y pensar desde el progresismo y desde la izquierda esta relación entre idealismo y materialismo de un modo más flexible.
- Es interesante revisar una de las críticas que le hacía la crítica, al menos desde Contorno: su falta de compromiso político, o como él mismo propone, "un compromiso negativo" con las instituciones sociales. Sin embargo vos hacés una lectura en clave política, ves una postura política en los ensayos de Murena ¿Cómo se conjugan estas posiciones: por un lado ese "descompromiso político" con las organizaciones sociales y esa postura política que vos lees en Murena?
- Cuando Murena escribe estos ensayos en la década del sesenta, resumiendo a grandes rasgos, podemos decir que el pensamiento imperante en el progresismo en la Argentina, era el existencialismo vía Sartre y su teoría del compromiso. Los artistas se comprometen, se comprometen ellos en tanto que sujetos artísticos, se comprometen a través de las obras de arte, hay un compromiso de las instituciones, etc. Murena está en contra de todo este tipo de pensamientos, y en ese sentido, creo yo que está siguiendo a Adorno, y postula, por supuesto ironizando a Sartre, el "descompromiso" de las instituciones. No porque él no crea que no haya ningún tipo de compromiso del intelectual frente a la realidad política, social, económica, sino porque el compromiso, va a decir Murena, es de las obras de arte y no de las instituciones, de las universidades, de la institución Arte, del periodismo en tanto institución. En ese sentido hay una lectura, y de vuelta creo que acá hay mucho de romanticismo alemán, el compromiso es de la obra de arte y hay una lectura inmanente de la obra de arte.
La obra de arte se compromete o no, tiene una postura crítica frente a la realidad o no, independientemente de las intenciones del artista. No se trata de una obra de arte que refleja el pensamiento ideológico, progresista del artista y por lo tanto ese lenguaje de esa obra literaria es más o menos transparente y permeable a esa ideología política del artista, sino que la obra de arte de una manera autónoma, inmanente, puede hacer una crítica, una crítica muda como decía Adorno, frente a la situación social. Y esa crítica se produce a través de la forma de los materiales y de las operaciones formales que hace la obra de arte con esos materiales, a partir del tratamiento de la obra de arte en relación a esos materiales. Y eso mismo es lo que hace - lo que piensa Murena respecto del arte- también Murena con sus ensayos, por eso yo insisto bastante sobre eso en el libro, hay que leer las operaciones con que Murena está trabajando, no simplemente leer en términos de contenido, sino ver esta manera que es ecléctica, que por momentos verdaderamente irrita porque mezcla, pone uno al lado del otro un pensamiento esotérico y un pensamiento materialista, pone a los románticos alemanes y al lado puede aparecer Bajtín. Sin embargo lo que está trabajando Murena ahí, es justamente estas operaciones que hacen que uno permanentemente esté tomando cierta distancia, una distancia crítica respecto de lo que se está hablando. Porque no hay posibilidad de creencia, ni en el arte ni en el ensayo, de un lenguaje pleno, de un lenguaje que pueda dar cuenta cabalmente de algo que se quiere decir. Por eso hay que trabajar a través de estas operaciones.
- ¿Esto es lo que lo vuelve un intelectual subversivo? Digo, pensando en los encasillamientos y rótulos a los que estamos acostumbrados: Sur/ Contorno, vanguardia política/ vanguardia estética, etc. ¿dónde se ubica Murena en el campo cultural?
- Así como Murena no va a estar a favor de una dialéctica afirmativa, siguiendo a Adorno en su dialéctica negativa, Murena lo que propone, muy similar a la dialéctica de Adorno, es la dialéctica subversiva y de ahí la idea de que Murena es un intelectual subversivo. Murena propone un pensamiento dialéctico que no hace síntesis como la dialéctica afirmativa, porque Murena no cree en totalidades, en sistemas, porque cree que eso es pensar en términos de identidad. Y este modo de pensar, no permite pensar, valga la redundancia, en lo heterogéneo, en lo diferente, en lo que escapa al lenguaje totalizador, etiquetador, que es el lenguaje de la ciencia, va a decir Murena. En contraposición al lenguaje del arte. Este es el lugar que creo yo ocupa Murena en el campo cultural argentino. Es un intelectual subversivo en la medida que no se sitúa al modo existencial en ningún lado. Nunca es tan fácil ubicarlo. No está en Sur aunque escriba en Sur, no está en La Nación aunque escriba en La Nación; se hace amigo de los que iban a hacer la revista Contorno pero luego se distancian; une sus lecturas del romanticismo alemán con Benjamín, Adorno; inclusive tiene una lectura que podría parecer fouacaultiana, obviamente muchos años antes que Fouacault. Es este corrimiento permanente el que creo que lo presenta como un intelectual subversivo permanentemente. Subvertir el campo cultural, subvertir las condiciones de legibilidad de los textos, en ese sentido, como señalo en el libro, creo que Murena es un punto de fuga en el campo cultural argentino.
- Ese es uno de los aspectos más interesantes de tu libro: ver a Murena como una grieta o como quien señala las grietas del movimiento intelectual de la décadas del 50 y sesenta. ¿Eso fue una búsqueda, o sea, Murena es una excusa para leer la intelectualidad argentina o surgió con la lectura de los ensayos?
- No se, es una buena pregunta
- Digo, por ejemplo, ¿el silencio de la crítica sobre Murena dice más sobre la crítica que sobre Murena?
- Creo que en general cuando se aborda la obra, los ensayos de un intelectual, no hay que quedarse con los textos que ese intelectual ha escrito, sino que lo que es interesante, lo que a mi me interesa más - esto en todo caso habla más de mi formación y de mis gustos intelectuales- no me interesa quedarme sólo con el contenido, con los ensayos con la propuesta del intelectual en cuestión -Murena en este caso- sino ver qué relación hay, siempre en términos de tensión, entre esos textos y el campo cultural argentino. Y en ese sentido me pareció que esta provocación de Murena, esto que lo vuelve tan irritante, tan aburrido, (a veces Murena se vuelve para mi al menos muy aburrido), lo que hace no es solamente hablar de él en tanto intelectual o hablar de lo que él piensa acerca del mundo, digamos, sino que habla del campo intelectual argentino. Y en ese sentido es interesante contrastar, corroborar, no corroborar lo que uno fue aprendiendo de un modo prolijo: por un lado Sur, por un lado Contorno, por un lado La Nación, etc. sino ver los grises, las intersecciones, las tensiones, los lugares donde hay grietas, donde hay suturas. Y creo que ahí es donde se para Murena. En ese sentido Murena no es tanto el objeto de estudio de este libro sino una herramienta de análisis para repensar todos esos años básicamente el cincuenta y el sesenta y a modo de resaltador, de lupa, de punto de fuga, como decíamos antes, repensar todos esos años de un modo más complejo que pensarlo en términos binarios progresismo / liberalsimo, etc.
- Él es como una encarnación de su teoría
- Exactamente.
Entrevista realizada por Matilde Mendez
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Eduardo Stilman dice:
22/06/2009 - 05:53 PM
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Fui amigo y soy lector de Murena. Me intereso la entrevista.
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incusy-online dice:
29/09/2010 - 09:56 AM
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gracias a Dios por intiresny
http://pdf.my-addr.com/
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