Nelson Castro
Los últimos días de Eva
Editorial: Vergara
Publicación: 2008
ISBN: 978-950-15-2415-4
¿Podría haberse salvado Evita si se hubiera dejado tratar el cáncer de cuello uterino, cuyos síntomas se advirtieron en septiembre de 1951 y que finalmente causó su muerte? Éste y otros interrogantes que jamás podrán responderse resumen muy acertadamente la idea del autor quien sostiene que, no pocas veces, "el poder mata".
Nelson Castro, autor de Los últimos días de Eva. Historia de un engaño.
Editorial Vergara. Enero, 2008.
ISBN 978-950-15-2415-4
Nació en San Martín, Buenos Aires en 1955.
Egresó como Periodista del Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires.
Médico, graduado con Diploma de Honor (U.B.A.)
Realizó una beca de periodismo en el World Press Institute de Saint Paul, Minnesotta.
Hizo una beca de especialización en Neurología en la Universidad de Case Western de Cleveland, Ohio.
Ganó numerosos premios, entre ellos: Martín Fierro, Konex, Santa Clara de Asís y Broadcasting.
También obtuvo el Premio Rey de España y el reconocimiento en el New York Festivals.
Es conductor del programa de radio Puntos de vista, en Radio Del Plata.
En televisión, conduce El Juego Limpio en el canal TN.
Entrevista a Nelson Castro, autor de Los últimos días de Eva. Historia de un engaño.
-El libro atrapa desde el momento que Usted escribe en la primera línea todo libro tiene una historia y nos la cuenta en el prólogo ¿le puedo pedir una síntesis?
-Sí, como no. La historia del libro es casi tan apasionante como la de la novela que es esta historia de la realidad. Es muy simple y muy atrapante: el libro nació como consecuencia -y toda la historia de esta investigación porque el libro abarca también al documental que se transmitió por TN y Canal 13- de mi libro anterior Enfermos de poder y de una carta que un día nos manda una colega, Alba Piotto, diciéndonos que su mamá había estado a cargo de la mesa de entradas del Hospital Presidente Perón en los días en los cuáles Evita se operó de su cáncer, en noviembre de 1951. Ella nos decía que a lo mejor la mamá tenía ganas de hablar, cosa que finalmente no ocurrió pero ahí despuntó un primer atisbo que después se vio reforzado por un episodio que sucedió en la Feria del Libro en la presentación de Enfermos de poder, que compartimos con Magdalena Ruiz Guiñazú y Joaquín Morales Solá, cuando hubo una parte del auditorio que me preguntó porque no había incluido a Eva Duarte de Perón entre los casos del libro. Les explicábamos que no, porque Evita no había sido Presidenta.
Junto con esto yo recordé que había leído una vez un libro que se llamaba Los cien días de Eva, en el cual Jorge Albertelli que fue el ginecólogo que se encargó de una parte de los cuidados de ella, contaba sus vivencias de haber pasado cien días con Eva Perón a cargo de una tarea que explicamos en el libro. A partir de allí, y de reencontrar el libro, releerlo y encontrar algunos nombres que sugirieron el desafío de encontrar quienes estaban vivos o no de esos nombres y encontrarnos con que algunos de esos nombres sobrevivían, conocedores de lo que era la historia que tenía una trama de intrigas impresionante, comenzamos una investigación que fue tan apasionante como escribir el libro y que tuvo tanto de novela como el libro, porque fue un verdadero rompecabezas que se iba armando donde una pieza daba pie para conseguir la otra, lo que nos permitió rearmar, reconstruir en forma íntegra y total y absolutamente documentada, un episodio impactante de la historia argentina al cual ningún historiador había podido abarcar con esta amplitud.
-Si hacemos un recorrido cronológico en la historia, la primera parada es aquella operación de apendicitis que le hacen a Evita. Usted cuenta sobre ella y sobre el final de libro se anima a conjeturar que en ese momento se podría haber salvado la vida de Evita, ¿por qué?
-La operación que Ivanisevich le hace a Evita es demostrativo de cómo la política contamina el ejercicio de la medicina. Ivanisevich que era un gran cirujano -hay un hecho muy interesante y es que Ivanisevich es también el autor de la marcha Los muchachos peronistas y que además cuando era ministro, cuando empezaba sus discursos decía Señor Presidente y Señora Presidenta- la opera, después que ella tiene ese malestar el 10 de enero de 1950, descubre que no tiene apendicitis y que hay algo con el útero pero no se anima a avanzar por el temor que el impone la figura de Eva Perón. Le comunica a Perón que probablemente ella tuviese un cáncer, le comunica a ella que está enferma pero no le dice que tiene un cáncer y efectivamente ahí Evita pierde la única oportunidad que tuvo de haberse salvado. Y es una demostración más de esto que yo marco: como el poder finalmente, al contaminar el ejercicio de la medicina, termina exponiendo a lo que son estos pacientes VIP a peligros mayores que los que podría tener cualquier otra persona.
-Hay un dato que me resultó muy llamativo: ¿hay una operación que la presenció Perón?
-Perón presenció la operación del cáncer. Perón estaba en el Instituto del Diagnóstico cuando se hace la operación de apendicitis e Ivanisevich le cuenta. Perón si presenció la operación del cáncer, que es muy interesante porque el mirador desde el cual Perón observa esta operación está conservado intacto en el Hospital Presidente Perón.
-Su libro hace que uno sienta afecta por el Doctor Jorge Albertelli, a uno le genera cariño por esa persona. ¿Quién fue él y como fueron esos cien días con Evita?
-A mí me genera lo mismo. El Doctor Albertelli fue un maestro de la ginecología y la obstetricia en la Argentina. Ya en aquel momento -joven ya que tendría treinta y pico cuarenta años- era ya una figura importante y por eso cuando el Doctor Dionisi que es un gran Profesor de Ginecología de Córdoba le explica a Perón que no podía hacerse cargo de Evita porque el estaba en Córdoba, inmediatamente la figura que surge por unanimidad, tanto por opinión de Dionisi como del Doctor Finochietto es la del Doctor Albertelli.
Albertelli entonces, tiene como exigencia en el período en que se produce el diagnóstico de Evita y se decide que la única chance que tiene era la de una operación y que para hacerle esa operación había que hacerle un tratamiento preparatorio a base de radium para pararle las hemorragias que ella tenía. Eso exigía un cuidado de Evita, por lo tanto Perón le pide al Doctor Albertelli que se quede en la residencia presidencial, que era la residencia Unzué que estaba donde hoy está la Biblioteca Nacional, y entonces él pasa cien días con Eva Perón, que son los días previos a la operación y después los días posteriores a la operación, hasta que termina el tratamiento de radioterapia con el cual terminaba todo el ciclo, que lamentablemente fracasó y, por supuesto, la experiencia de Albertelli es impactante porque él tiene que enfrentar no sólo la dificultad del caso, no sólo de ser parte del engaño del diagnóstico, sino que después tiene que enfrentar la intriga política que tiene como una de sus consecuencias que el no sea el cirujano que la opera a Evita, cosa sobre la cual él tiene que callar con consecuencias para él, porque hay una serie de complicaciones postoperatorias que surgen las cuales se le achacan a él, siendo que él no había tenido ningún tipo de responsabilidad.
La verdad es que es una tarea y una actitud realmente abnegada de poner todo al servicio del paciente, mas allá como él dice, que seguramente especuló con ser el médico de Eva Perón y que eso me va a traer una serie de beneficios, que después la historia demostró que no los tuvo y que todo lo que tuvo fueron perjuicios.
-Hay dos páginas donde Usted retoma una narración de Albertelli donde él describe una Evita dispuesta a dejar todo, al despojo más absoluto. Esto aparece como la contracara de la ambición de los funcionarios que rodean a Evita, ¿lo ve así?
-Sí claro, para mí también significó un aprendizaje muy importante del personaje y me permitió tener otra vivencia de Evita y lo de Albertelli con estos testimonios permiten claramente dividir lo que era la figura de Evita: había una Evita en su relación con los pobres sin duda admirable, porque había una consustanciación de ella con la gente pobre total y absoluta, que superaba en cuantía cualquier otra que pudiera tener cualquier colaborador de ella, cualquier dirigente y hasta el mismo Perón. Pero después, y esto se describe muy bien en estas conversaciones que él tiene, inclusive es muy interesante cuando ella le da la explicación de por que ella tenía esa fascinación por las joyas y usaba las joyas con los pobres. Es interesante porque generaba críticas de parte de sus opositores, pero no por parte de los pobres.
Ella dice, yo me aparezco así, porque no tiene que parecer que yo estoy dando una limosna, sino que soy como un hada y estoy cumpliendo un deseo, es muy diferente dar una limosna que cumplir un deseo.
Después esta la Evita política y la Evita política era una fanática, y como todo fanático intolerante. Aparece muy bien marcada la diferencia en el libro y por eso hemos buscado -esto es una reconstrucción histórica- darle al relato lo que eran los testimonios que se daban en Democracia, que era el diario de ella y que por tanto hablaba como si fuera ella, que marca una deificación total de la figura de Eva, pero además un lenguaje político también de un fanatismo y una intolerancia brutal propia de la que se vivió en aquella época que no era exclusiva del peronismo sino también del antiperonismo.
-¿Su símbolo máximo es el último discurso?
-Efectivamente. Esto esta claro. Cuando uno lo lee esto es brutal, nosotros ahí lo que pudimos encontrar también es el libro El Ultimo mensaje, este fue uno de los últimos hallazgos que aparecio cuando estábamos terminando el libro y que nos permitió terminar de delinear ese momento tan particular de Eva; frustrada por lo que significaba la enfermedad porque ella, obviamente, se daba cuenta que se moría y empecinada en dejar ese mensaje de fe total hacia Perón pero de intolerancia total y absoluta hacia sus oponentes.
-Otra sensación que deja su trabajo es que todo ese proceso que se arma alrededor de la operación de cáncer es casi una operación militar.
-Sí claro. Es así y es una buena apreciación. Es parte del engaño y es una maniobra política de alto vuelo y alto riesgo. Solamente con ese concepto militar y además en un país en donde había esta falta de libertad de prensa uso pudo haber pasado total y absolutamente, sin ser publicado para la opinión pública.
-¿Qué racionalidad le encuentra a este engaño?
-Ninguna. Es propia de la intolerancia de ese momento. El hecho de que el engaño de quién la operó, porque el engaño sobre el cáncer por supuesto que es entendible, hoy día esto ocurre y hace cincuenta años ocurría mucho más, por eso yo hago mención ex profeso, porque sabía que iba a venir alguna consulta como ha ocurrido a esta mención que hace Tomás Eloy Martínez en su admirado libro Santa Evita, cuando hace esta transcripción de lo que le relata Julio Alcaraz, el peluquero de Evita que después Jose Pablo Feinmann toma en su guión de la película Evita con Esther Goris y Víctor Laplace, en el cual, supuestamente, Perón le dice a Evita que tiene un cáncer en la noche esa del 22 de agosto, cosa que los hechos, los testimonios y el contexto nos permiten decir que no fue así. Así que el engaño acerca que no tenía un cáncer era entendible para esa época.
El otro era producto de ese fanatismo que tenía ella contra lo norteamericano, que hubiera hecho imposible que a ella la hubiese operado, tocado o visto algún médico norteamericano. Es impresionante lo paradojal de esto: se habían interesado por ella médicos alemanes, españoles y demás y lo paradojal es que se acepta la decisión de ir a buscar un médico norteamericano. Que era una estrella de la cirugía es verdad, pero que no aportaba nada para el caso de Eva Perón.
-¿El ocultamiento del médico norteamericano, tanto al pueblo como a Evita, Usted lo lee sólo por la nacionalidad?
-Totalmente, y tanto es así que hay un testimonio que a nosotros después nos da para el documental el Doctor Joaquín Carrascosa, que era el radioterapeuta, que nos cuenta que un día hablando con ella, osa hablar una cosa sobre Estados Unidos y ella se enoja total y absolutamente con él y está dos días sin hablarle.
-¿Es común que un cirujano opere a alguien sin cruzar una palabra antes?
-No. Este es un tema desde el punto de vista ético total y absolutamente controvertido. Por supuesto criticable, esto hoy no es aceptado en los canones de la medicina, porque todo paciente tiene derecho a saber quién lo ha operado y además el médico tiene la obligación ética de hablar con su paciente. Esto es uno de los aspectos más controvertidos que se planteó en aquel momento y que se lo plantea hoy mucho más cuando se lo revisa.
Es producto también de lo que genera la política y, por supuesto, esto también esto también genera alguna crítica sobre el Doctor Pack (el médico norteamericano) que realmente el no debió haber aceptado operar en esas condiciones. Lo que pasa es que Pack era un hombre ávido de fama también, esto es el costado que hay que ver.
Albertelli habla de la vanidad médica, la vanidad humana que también esta en los médicos, vanidad que está en todas las profesiones y también en la médica. Pack era un hombre que coleccionaba celebridades y para él haber operado a Eva Perón era un elemento importante que le produjo cosas importantes: el recibe una condecoración importantísima del gobierno argentino como consecuencia de eso que hace al renombre y a su fama mundial.
-Ahí hay otra paradoja y es que nadie supo a que se debió esa condecoración.
-No, claro es un elemento impresionante. Porque además no había ningún tipo de razón. Pack viaja a la Argentina en el año 51 cuatro veces, viaja cuando viene para el Congreso: nosotros tenemos la única grabación, la única imagen -que la pusimos en el documental- de Pack en el Congreso de Oncología que se desarrolla en septiembre del 51, cuando empieza a desarrollarse drama final de Eva Perón. Después viene en octubre, en noviembre y en diciembre, cuando produce un hecho muy importante que nosotros pudimos descubrir y que por primera vez se menciona y es que él rompe el secreto médico y le confiesa al Embajador de los Estados Unidos cuál era el estado real de la situación de Eva Perón: porque se sabía que estaba enferma, pero nadie sabía que tenía un cáncer, más allá de Perón y su círculo.
-¿El gobierno argentino se enteró de esa charla?
-Supuestamente no, es un elemento que llama muchísimo la atención, porque fue una charla que él tuvo en un Hotel. A él se le dio orden de no contactarse con nadie de la Embajada y esto ocurrió tanto en la visita de octubre como en la visita de noviembre cuando viene para operarla, donde él pasa tres días en la residencia de Olivos que en ese momento era un lugar bastante inhóspito y allí está acompañado por el Doctor Canónico y por los agentes de la custodia presidencial.
Cuando viene en diciembre ya se aloja en el Hotel Alvear, es algo más público, y él ahí toma contacto con el Embajador de los Estados Unidos y le da un dato clave porque hasta el momento, y nosotros pudimos cotejar los papeles, la CIA tenía conjeturas sobre lo que le podía pasar a Eva Perón pero no tenía la confirmación oficial diagnóstica que Pack, violando el secreto médico, cosa que él niega pero que hace, se lo da.
-¿Por qué deciden decir que el que la operó fue Finochietto y no Albertelli?
-Porque efectivamente había un tema político. Había dos temas: la idea de que operara Finochietto era por la confianza que le daba a Evita la figura de Finochietto, que era una figura muy consustanciada con el peronismo, era el Director del Hospital en ese momento y fue un maestro de la medicina y para ellos era El Maestro, en ese momento y después había otra idea que era que operando Finochietto la operación no era estrictamente ginecológica, como la presencia de Albertelli por sí sólo lo marcaba. Así que esos fueron los dos elementos determinantes que llevaron a ese montaje de decirle a ella que el que la había operado era el Doctor Ricardo Finochietto.
-Juzgo como un gran aporte el capítulo donde Usted compila toda la polémica que se dio en la década del noventa entre varios de los protagonistas de estos hechos ¿Qué es lo que llevó que en el ocaso de sus vidas, se decidan a hablar cuarenta años después?
-Tres cosas: demoró tanto por el miedo, el miedo que han tenido para hablar los protagonistas es una cosa impresionante que aun hoy perdura en los sobrevivientes. Conseguir el testimonio de la Jefa de Enfermeras del Hospital Evita, que es la primera vez que habla, todos es la primera vez que hablan, algunos aparecieron con escritos, después de cincuenta y siete años, tiene que ver con el apego a la figura de Evita, pero también con temor. Todos vivieron esto con temor.
Porque además vivieron con temor lo que fue la atención de Evita durante el tiempo que la tuvieron que atender y después por lo que les pasó a ellos una vez que vino la revolución. Lo que pasa es que son secretos muy pesados para llevar, porque todos tenían noción de que había un tema de interés para la historia, porque además que pasó estaba oculto, había una trama oculta, no era que no había sido operada Evita, había pasado algo y la condición humana y la historia demuestra que cuando hay más de uno involucrado siempre hay alguien que dice "bueno no me quiero llevar esto a la tumba", por lo que fuere. Basta que uno hable para que después comiencen a hablar.
Y esto fue lo que pasó: el primero que habló fue Canónico y cuando habló Canónico todos se sintieron liberados para poder hablar, porque además todos lo que demuestran es que tenían un peso. Era muy pesado lo que les tocó vivir y era de un significado histórico no menor.
-Disiento con su prologista, Guillermo Jaim Etcheverry que dice "que esto es un relato desapasionado", por el contrario es un texto donde Usted pone todo de sus dos pasiones el periodismo y la medicina.
-El lo que quiso decir con lo desapasionado es que no tuvo una pasión política. Yo se lo decía a él: tuviste que haber agregado que no había pasión política. Por supuesto fue muy apasionante: por eso está el contar la historia de la investigación que demuestra la pasión que nos generó durante dos años y la adrenalina que nos generó de decir "tenemos esto, aparecerá lo otro". El momento que apareció la historia clínica fue un momento inolvidable, con Guido Baistrochi, mi productor, y también con Cinthia Octaviano, pero en esto tuvo mucho que ver Guido, cuando encontramos ese papel que era la piedra filosofal, un documento esencial que nos estaba faltando, porque nosotros sabíamos que al menos habían dos historias clínicas. Una se había perdido y no sabíamos donde estaba la otra.
Para nosotros fue una pasión y fue una obsesión hasta llegar al final de los datos. Una de las cosas más impactantes que viene ocurriendo, porque cuando aparecen estos libros vos estás esperando a ver que aparece, y por eso se terminó de decidir a hablarnos en un reportaje que nos dio para la televisión la Jefa de Enfermeras de Evita que nos dijo "Nelson está todo, podrá faltar algo pero esta es en esencia la verdad de lo que pasó".
Entrevista realizada por Matías Méndez en febrero de 2008.
Se autoriza la reproducción total o parcial del material de Cuentomilibro.com siempre y cuando se cite la fuente.
Miguel A. Hernández dice:
12/09/2008 - 04:55 PM
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Lúcido y claro, tal como es su forma habitual de expresarse, Nelson Castro explica en forma didáctica y directa los entretelones del manejo médico-político que llevó a cuestas Eva Perón, afrontando una enfermedad fatal en medio de intrigas. Interesante y serio, como el estilo del autor.
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nestor dice:
17/11/2008 - 11:44 AM
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leelo
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